La Unión (Europea) no es el enemigo

Mucha gente dice hoy que no quiere celebrar esta Europa. Otras veces dice que no quiere celebrar esta España. O esta Catalunya. O esta Madrid. Como si los Estados o las instituciones fuesen en sí mismos bondadosos o perversos.

El problema de este discurso, que puede parecer indignado o rebelde, es que obvia lo que de verdad es importante. El problema de este discurso es que es justo el que beneficia al enemigo porque no centra el foco sobre él ni le hace sentir incómodo.

Cuando estalló la crisis económica había gente que hablaba de “los mercados”, un enemigo abstracto que se parecía mucho a los gnomos del bosque, mientras los responsables con nombres y apellidos de aquel desastre se iban de rositas. Ahora todavía hay gente que grita contra el malvado IBEX-35, pero nadie se ha cruzado a ese tipo por la calle y le ha agarrado de la chaqueta para preguntarle de qué va. No pasará nunca.

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Nuestra foto

¿Había que publicar la foto? Es un debate que aparece periódicamente en los medios de comunicación, ahora en las redes sociales. Algunos creen que los límites son las vísceras, la sangre. Lo agradable que sea la imagen. Yo creo que el límite es la causa. Una foto por un accidente, catástrofe natural o incluso atentado político en un país de nuestro entorno no aporta nada. La escena de un niño muriendo en la puerta de nuestra casa tras huir de una guerra, sí.

Es curioso que los argumentos principales en estos casos suelan ser lo mucho o no que nos molesta. A nosotros. Que no está mal publicarla si se avisa. ¿De qué? Si yo estuviera en el consejo de redacción de un periódico o una tele te diría que la comodidad que supone la mezcla de tu sofá y tu tranquila ignorancia no me importa y que el periodismo imparcial tampoco porque nunca ha existido. El periodismo se inventó para contar lo que hay pero también para remover conciencias, algo que con suerte hace una vez al año.

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Europa radical

“Radical” no tiene por qué tener una connotación negativa, tampoco en castellano. Depende más bien del oyente, de su ideología o su intención.

Syriza significa “Coalición de la Izquierda Radical”, y por eso la prensa usa este apelativo. La tercera acepción de nuestro propio diccionario define radical como “partidario de reformas extremas, especialmente en sentido democrático”. Este es el sentido de radicalidad con el que la mayoría de sus votantes entienden el programa y el discurso del partido de Tsipras, mucho menos transgresor de lo que algunas reacciones aparentan. Al final, sería una suerte acabar hablando de “reformismo radical”. Sobre todo, sería una suerte para los ciudadanos griegos que tanto necesitan ese giro después de décadas de mal gobierno, creando un Estado antes insostenible y hoy dependiente del exterior.

Claro que también hay prensa que sabe cómo entiende su audiencia cada palabra. Hoy La Razón llena su portada con una mayúscula “Desgrecia”. Eso sí que es radical. La libertad de prensa también ha de serlo.

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Mensajes cruzados: la izquierda, Cataluña y España

Pablo Iglesias (Podemos)

“Las elecciones europeas no sirven para nada”. De momento, están teniendo muchas más consecuencias inmediatas en política interna que las últimas generales. El PP proclama que las ha ganado y a continuación desmonta el balcón de las celebraciones sin llegar a usarlo. El día después, la dirección del PSOE anuncia que se retira y que celebrará un congreso extraordinario en menos de dos meses. Y en todos los medios resuena un titular: “Se acabó el bipartidismo”. Junto a otro: “Sí se podía”.

Las elecciones de ayer dejaron varios mensajes para quien quiera leerlos. El primero al Partido Popular: su electorado no lo aguanta todo ni será eterno (esto último es bastante estricto porque, según el CIS, tiene la base electoral más envejecida). El PP fue el partido más votado, pero perdió las elecciones ante una izquierda que dividida, venció.

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No es tan sencillo

Hace unos meses, el Partido Popular ganaba las elecciones en España, y lo hacía pregonando las fatalidades del socialismo, que le había llevado a un gran éxito propio con el que sacaría a España de su encrucijada particular. Con la misma energía, la derecha recuperó también el gobierno de Portugal. Los socialistas griegos hace tres años desbancaron a una derecha que había falseado las cuentas contribuyendo a la situación actual del país. Los británicos, por su parte, decidieron que el sustituto de Blair al frente del laborismo no iba a ser primer ministro, y se produjo un cambio político concretado en una coalición entre liberales y conservadores.

En la semana que terminó ayer vimos una gran victoria electoral de la izquierda en las elecciones locales británicas, el regreso del socialismo a la presidencia de la república francesa tras tres intentos fallidos en quince años y el desplome del PASOK griego de la mayoría absoluta a la tercera posición. Mientras tanto, Merkel sigue viendo cómo su partido acumula retrocesos en todos los territorios alemanes y, quizá lo más relevante, cómo su aliado liberal desaparece del mapa.

Estos datos deberían bastar para que la política europea dejase de estar plagada de gente vendiendo generalidades sobre triunfos ideológicos, partidos amigos y lugares comunes similares, pero la terquedad no se ha curado con cuatro años de duros reveses para todos los ciudadanos.

Libération, 7 de mayo de 2012
Portada del diario francés Libération el 7 de mayo de 2012.

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