La pluralidad independentista de TV3

Existen elementos para afirmar que TV3 es la mejor televisión pública del Estado, también por su calidad informativa. Pero del mismo modo, analizando el marco comunicativo catalán junto al de otras Comunidades, es fácil observar que los propios espectadores de TV3 y del resto de medios propios de Cataluña no son conscientes desde dentro de las particularidades del suyo. Quizá por eso, lo que son acciones de parte allí no se perciben como tal.

Sí han visto algo sus órganos de control. El Consell de l’Audiovisual de Catalunya ha emitido un comunicado con una evidencia.

“Malgrat que s’observen opinions divergents pel que fa al desenvolupament del procés sobiranista, totes les veus presents en el programa es mostren coincidents en la necessitat de la seva execució, sense que s’identifiqui cap participant en el debat que manifesti una opinió discordant amb el procés sobiranista, ni en el seu plantejament ni en la seva execució”.

El debate referido (del programa .CAT) no es el único de TV3 o Catalunya Ràdio del que se puede extraer esta conclusión: debates en los que la diferencia es de matiz ideológico o procedimental, pero no sobre el fondo. Hay acuerdo en que la independencia es una buena idea o en el derecho a la autodeterminación entre gente que discrepa sobre cómo llevarlo a cabo. En cambio, esta no es una opinión unánime en la sociedad de la que TV3 es televisión pública.

Aún así, hay que tener aún más cuidado con las cadenas falsamente plurales. La opinión, en realidad, no se construye en los debates sino en los programas informativos, y los debates con una amplia representación de ideas pueden ser un elemento anexo estupendo para manipular.

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Rosa María Calaf: “Lo que es gratuito alguien lo paga y hay que saber quién”

Rosa María Calaf

Entrevistar a Rosa María Calaf puede ser un sueño y honor para cualquier periodista joven. Una vez que accede queda en sueño irrealizable. Las preguntas previstas son innecesarias en cuanto se le insinúa un tema. Quizá por costumbre de tratarlos, pero sobre todo por conocimiento y vivencias acumuladas, todo se reduce (o engrandece) a un monólogo al que solo hay que dar pie con una palabra clave. Ella ya sabe qué interesa.

El mayor apoyo para su forma entusiasta de expresarse es su reconocible voz, por lo que la transcripción supone una pérdida de calidad. El respeto que merece surge en cambio de la pasión. Se nota que disfruta su trabajo y sigue creyendo en él, en el periodismo.

Rosa María Calaf (Barcelona, 1945) suele recibir a sus invitados en cafeterías de la capital catalana que, al final de la entrevista, confiesa que elige por su comodidad pero también por el trato que recibe. Nada que objetar, el suyo es impecable.

Así, el pasado 6 de mayo habló del estado actual del periodismo, de la historia de Televisión Española y las intervenciones políticas en ella, de su forma de entender las sociedades y conflictos actuales, del futuro de China y su papel en el mundo o del ejercicio de su profesión allí donde las mujeres no conocen la libertad.

Ante una periodista con cuarenta años de trayectoria y que ha visitado más de 170 países cualquier aproximación es solo un esbozo de lo que guarda.

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TVG: la importancia de llegar a todos los públicos

Hay dos televisiones autonómicas, TV3 y la TVG, que desde el inicio han tenido buenas audiencias y se han mantenido líderes con diferentes gobiernos. Hay más Comunidades con lengua propia y cultura marcada donde esto no ha pasado.

Sobre Galicia pesan muchos tópicos, algo que se nota cada vez que algún político bocachancla del resto del Estado abre la boca. Unos son genéricos; otros particulares de la gente de izquierda que se pregunta por qué aquí gana tanto el Partido Popular y asume que eso significa determinadas cosas. Incluso obviando las últimas municipales, donde el PP sufrió una fuerte caída, resulta que hasta esto es otro tópico. Siempre se puede hilar más fino. Se debe. En caso de optar por otras vías de respuesta y usar argumentos equivalentes, podríamos hablar sobre los resultados electorales de tantos años en esas grandes ciudades de vanguardia europea que son Madrid y Valencia o sobre la superioridad moral de otros a los que es mejor ni mencionar porque siempre se ofenden. Y sobre sus teles autonómicas.

Pero lo importante no es qué es Galicia sino qué ha sido. Este pequeño país ya era grande pero ha cambiado mucho. La TVG está presente, parece que como espejo pero quizá sobre todo como artífice.

La Televisión de Galicia no se escapa de ciertos males. Hay influencia en los informativos, aunque no sea zafia como en otras cadenas. Hay noticias silenciadas e intervención política, como en TV3 o TVE. Y es además una televisión muy destinada al público rural, que es al fin y al cabo el que (aún) decide quién gobierna la Xunta gracias a la genialidad electoral. Sin embargo, esa vena ‘labrega’ de la TVG tiene una gran importancia, a menudo despreciada por quienes se dejan llevar por supremacismos culturales y complejos de inferioridad, tanto dentro como fuera de esta tierra.

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Una imagen, un sonido y un significado

Desde anoche, casi todo el mundo parece convencido de que Televisión Española manipuló el momento en el que el himno nacional sonó en el estadio Vicente Calderón de Madrid, mientras las aficiones del Athletic de Bilbao y el Fútbol Club Barcelona proferían una sonora pitada contra él, como estaba previsto de antemano.

Gradas del Estadio Vincente Calderón
Gradas del Estadio Vicente Calderón durante la final de la Copa del Rey. Una fotografía de Víctor Lerena (EFE) en el Diari Ara.

Es una vieja polémica, pero ¿qué es en realidad manipular? Lo que ayer vieron los espectadores desde sus hogares no era una pieza informativa, en la que un cámara graba una imagen en directo y esta es difundida sin más, sino la retransmisión de un evento, perfectamente preparada y calculada en la búsqueda de un producto final determinado.

Una de las cosas que se hace en cualquier retransmisión es, naturalmente, ajustar el sonido. Quizá nadie lo haya pensado hasta anoche, pero lógicamente lo que un espectador vive en un campo de fútbol no es lo que llega a su casa: el sonido ambiente, el del propio narrador, el del campo y el de las gradas… todo eso está ajustado para resultar agradable a los oídos y fiel al interés objetivo que presenta cada una de las partes.

Si lo que anoche sucedió mientras sonaba el himno y la consecuente pitada es manipulación, podemos colegir que llevamos décadas asistiendo a partidos de fútbol, inauguraciones de los juegos olímpicos, concursos y entregas de premios absolutamente manipulados. Y, en efecto, así es; la televisión y sus pequeños secretos están envueltos en una entrega constante de mentiras a los espectadores. Casi todo es un pequeño teatro muy bien ajustado donde ni siquiera los colores son lo que parecen. Que esta manipulación sea una distorsión de la realidad sí es más discutible.

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