Votar a los 16

No parece haber ningún argumento para fijar la edad de voto en los 14, los 16, los 18 o los 21 años aparte de la necesaria coherencia entre el ejercicio de derechos y deberes de los ciudadanos. Es decir: el debate no está en la edad a la que se empieza a asumir cada uno sino en la armonía entre todos ellos.

En España se es libre para tener relaciones sexuales o trabajar a partir de los 16 años. Para votar hay que esperar a los 18.

Hay quien dice que a los 16 años no se tiene la formación ni la información necesaria para votar con criterio y libertad. ¿Cómo se determina objetivamente cuándo sí? ¿Debería privarse del derecho de voto a los adultos que no acrediten una determinada formación? ¿Cuál? ¿Qué es un adulto? ¿Qué es un adulto formado?

Visto el clasismo con el que se habla de ciertas masas de votantes, es probable que para los defensores de este tipo de ideas los votantes sin criterio coincidan con los que no votan como ellos querrían. Ah, sí: viva el sufragio censitario.

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Bienvenidos

Bienvenidos a la democracia parlamentaria. Por fin.

El resultado de las elecciones es el peor que podrían esperar los cuatro nuevos grandes partidos porque les obliga a retratarse. Todos deben salvar España (qué digo España, ¡el mundo!) salvándose a sí mismos. Conjugar ambas cosas va a necesitar de sexo, drogas y mucha inteligencia. ¿Por ese orden? Pues quizá, ya todo es posible.

El PP tiene la legitimidad de ser el primero en intentar formar gobierno. Es ahora cuando va a comprender de qué sirve en un sistema parlamentario jugar a la exclusión y la agitación visceral permanente. Rajoy (como ya le enseñó su predecesor y ahora enemigo) ha dinamitado todos los puentes de entendimiento que le podrían servir para salvar la silla. A la hora de pactar importa más no causar rechazo que generar afecto, como tanto se ha repetido estos días. Sólo tiene el cariño inevitable de Ciudadanos y es insuficiente.

Todo el mundo mira al PSOE con cara de pena. El PSOE, experto en destruirse a sí mismo, mira a los demás con la misma cara de pena y a los suyos con hambre caníbal. El espectáculo será dantesco. Como siempre. Estos días va a recibir presiones para dejar gobernar a Rajoy, es cierto; como lo es que muchos están deseando que eso pase para confirmar su propio discurso y poder rematar a un partido que a pesar de sus enemigos y a pesar de sus dirigentes no acaba de morir. Ay, qué ilusos.

En realidad el PSOE lo tiene muy fácil. Del mismo modo que Rajoy tiene la legitimidad de buscar apoyos, Pedro Sánchez tiene la de liderar la alternativa. Basta con que presenten a su candidato con un programa social y de Estado que las fuerzas de la izquierda no puedan rechazar y dejarse querer o matar. Una y otra vez. Si sale, bien. Si no sale, nuevas elecciones y que la gente, ese concepto de moda, decida.

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Preanálisis electoral

Todos tenemos un análisis electoral que hacer. Hay elementos, en cambio, que trascienden la opinión superflua.

La ley D’Hondt no existe. Existe una fórmula que se llama así y que sirve para convertir los votos en escaños, encuadrada en un sistema electoral con más elementos.

El sistema electoral perfecto tampoco existe. Ni siquiera se pueden comparar países entre sí: lo que funciona en Francia, Reino Unido o Suiza puede no servir en España. Cada uno tiene un contexto y unas características que lo hacen único y lo vinculan a unas necesidades. En el caso español hace falta armonizar la representatividad de las ideologías con la de los territorios, entre otras cosas. El sistema, además, buscaba en su origen generar estabilidad en un tiempo de inmadurez democrática que esta legislatura tendremos la oportunidad de saber si hemos superado.

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¿Queríamos la Tercera?

Proclamación Felipe VI

“España, mañana, será republicana”. Esto es lo que se grita desde hace años en manifestaciones de izquierdas. Parece que ese mañana tiene que esperar. Según una encuesta de eldiario.es la mayor parte de los españoles aún apuesta por la monarquía parlamentaria. Ese apoyo crece si el Jefe del Estado es Felipe de Borbón; así que el hecho sucesorio se ha consumado dando cumplimiento a la Constitución y poniendo fin a este capítulo. Intento fallido.

España tiene una tendencia tan agresiva a perpetuar e ideologizar sus debates que resulta imposible vaciarlos de tópicos, pero sobre todo de sentimientos. Para muchos ciudadanos, defender la república tiene más connotaciones que la capacidad de elegir al máximo representante de los españoles. El recuerdo al abuelo que no conoció o a la guerra en la que sí estuvo. No es un absurdo ni una obsesión: eso que parece tan lejano tiene testigos vivos. No hablamos de la prehistoria, sino de dos Españas que insisten en odiarse mientras la tercera vía, aquí y allá, es bombardeada con alegría. Por lo mismo, si uno se define como republicano, de manera automática pasa a ser de extrema izquierda, radical, violento, muy peligroso y antipatriota.

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Un antes y un después para el sistema monárquico

El juez José Castro, que instruye el caso Nóos, acaba de anunciar la imputación de la infanta Cristina de Borbón, hija del Jefe del Estado. Deberá acudir a los juzgados de Palma el próximo 27 de abril.

Resultaba anómalo que la única copropietaria en un caso y vocal en otro de las dos entidades investigadas que no había sido llamada a declarar fuese la hija del rey, y no es un secreto que la causa era precisamente su filiación. La imputación, sin embargo, demuestra que la justicia tiene sus propios tiempos. No es extraño, aunque a algunos se lo pueda parecer, que ante un personaje de cierta entidad las cautelas sean mayores. Si la infanta finalmente no fuera culpable de un delito el daño social ya sería irreparable, y con él el daño a la institución que ostenta la jefatura del Estado.

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