“Queremos cambio, no recambio”

Lo que hizo ayer Pablo Iglesias es muy grave. Lo que se ha hecho después para justificarle es casi peor.

¿Corporativismo en la prensa? La frase anterior no la firmarían, por convicción, muchos periodistas que han salido a defenderle. Por razones obvias ninguna profesión está tan expuesta al escrutinio público. En ninguna vemos, por ello, tantos ataques de compañeros entre sí. A diario.

Esto es bueno. Al periodismo se viene llorado de casa.

La prensa, como la política, puede ser criticada por cualquiera. Cuando se es político existen unos códigos. Pablo Iglesias es político y además un cargo público; esté en una universidad, en el Congreso o en su casa. Esa suerte de excusita que busca disfrazar de análisis académico sus frases polémicas ya no cuela. La representación jamás se despega del personaje que la ejerce.

Fue Pablo Iglesias quien acompañó (según su relato ese es el verbo correcto) a un grupo de estudiantes a gritar “Fuera políticos de la universidad”. Pero él tiene una doble vida. Una doble alma. Es el puto amo. No es político sino un pensador.

Y Rajoy sólo un pelele con ruedines. Vaya cara.

En cualquier caso, en el ámbito académico y en su nombre también se dicen a diario barbaridades reprobables. Ay, la humildad.

Pablo Iglesias no criticó ayer a la prensa o la vileza del sistema. Hizo algo más: señaló a un periodista en concreto ante un auditorio que él sabía dispuesto a reír su gracia. Nos ha dicho tantas veces que Podemos no es de izquierdas, que ese es un marco superado, que al final nos ha convencido por la vía de los hechos: la izquierda jamás señalaría al último peón del tablero.

Continúa leyendo “Queremos cambio, no recambio”

Servicio público con peluches

La Voz de Galicia ha vuelto a hacerlo.

Este medio tan poco considerado y atendido a nivel español inició hace años un género periodístico que podríamos llamar sucesos peluchísticos. En realidad La Voz ha inventado muchas otras cosas de esas que me hacen pensar “joder, yo quiero trabajar con estos tíos”. Pero no caben aquí.

Vamos con lo peluchístico. En 2014, por ejemplo, dieron una de sus alertas: “La última vez que vieron a Manolito fue encima de un pivote en la calle al lado del Gadis de los Castros. Desde entonces no hay noticias del peluche”. La historia no era baladí y recogía este testimonio desgarrador: “En el cartel [la madre] informa de que «se recompensa». «No tengo mucho dinero, pero estoy dispuesta a lo que sea», asegura”.

La Voz también se hizo eco de noticias alegres entre la tristeza. En 2013 un niño perdió a su dinosaurio en el accidente de Angrois. Y lo encontró. Un año después perdió a su perro Nero. ¡También apareció!

Aún antes, en 2011, La Voz ayudó a encontrar a Orejitas, perdido en la Ciudad Vieja coruñesa. Los padres de su dueña empapelaron las calles y una señora se puso en contacto para el rescate gracias a la labor del periódico.

Peluches perdidos en Santiago, en Vigo o en Coruña. Galicia entera sufre un drama que ni el de la droga en los 80.

Continúa leyendo Servicio público con peluches

Preguntas, respuestas y jueces ciegos

“Un 84% [de los ciudadanos, se entiende] cree que el juez debería imputar a la Infanta Cristina”. Este titular, a cuatro columnas, es el que abre hoy la portada de El Mundo. Después, se añaden otras afirmaciones contundentes. Por un lado, que “sólo un 15% de los españoles piensa que el caso Urdangarin está demostrando que la justicia es igual para todos”. Por otro, que “un 74% opina que Griñán sabía lo de los ERE y un 80% que el gerente del PSOE debería dimitir por contratar a Amy Martin”. Por último, que “un 92% quiere que Oriol Pujol deje sus cargos si es imputado y un 95% que se investigue la fortuna de los hermanos”.

La pregunta inevitable que cabe hacerse es… ¿dónde está la noticia? Hay preguntas que podrían estar bien orientadas. Que un 80% de los españoles considere que el gerente del PSOE debería dimitir por contratar a una señora que no existe parece de puro sentido común. De hecho, de rebote, cabe preguntarse qué le pasa por la cabeza al 20% restante. Sin embargo, el titular principal chirría casi tanto como la existencia a día de hoy de la institución afectada por su contenido.

Continúa leyendo Preguntas, respuestas y jueces ciegos

El peligro de ser demasiado periodista

Un nuevo medio está gestándose bajo el nombre de Infolibre. No será un proyecto de principiantes: a él se sumarán firmas conocidas por el gran público como Juan Luis Cano, Fernando Berlín, Juan Ramón Lucas, Toni Garrido, Ramón Lobo o Jesús Maraña.

Lo traigo a colación no por razones publicitarias, puesto que ni siquiera conozco la base sobre la que se asentará la futura publicación, sino para situar en su página de presentación un relato de Begoña P. Ramírez:

-A ése no. Es demasiado periodista.

No hace tanto el director de un periódico de provincias rechazó contratar a un redactor, uno de los mejores del lugar, con lo que él consideraba una descalificación y a mí, por el contrario, se me antojó el mayor elogio profesional al que yo querría aspirar. Ahora, mientras se anuncia el fin del periodismo tal como lo conocemos, esos periodistas en exceso me parecen, además, imprescindibles.

Hoy he recordado esta historia, que me llamó la atención, al ver la guerra abierta que está soportando a través de los comentarios de sus lectores el director de eldiario.es, Ignacio Escolar. Este periodista se ha convertido con los años, gracias a una magistral intuición profesional para adaptarse a los tiempos y una trayectoria con más rigor que errores, en un referente para el ala izquierda de la sociedad; especialmente afianzado tras pasar por la dirección de Público, en la que fue la mejor etapa del diario.

Continúa leyendo El peligro de ser demasiado periodista

Obituario

Segundos. Es el tiempo que algunos periodistas tardaron en darse cuenta de que la fotografía que El País acababa de publicar a toda página era o podía ser falsa, y en comunicarlo a través de Twitter y los canales del propio diario. Minutos. Es el tiempo que tardaron en corroborar que lo era. Horas. Es el tiempo que esa fotografía estuvo en la redacción, o al menos en algún despacho directivo, del rotativo de referencia en habla hispana.

Qué pasó en esa fatídica noche del 23 al 24 de enero es un misterio que tampoco aclara el comunicado de disculpas. Resulta increíble pensar que un grupo de profesionales de la prensa, por pequeño que fuera el círculo en el que se tomó la decisión, no vieran nada extraño en la calidad de la imagen, ni en su textura, ni en su procedencia, por muchos años que El País hubiera trabajado ya con la agencia responsable de hacérsela llegar. O precisamente por eso: ya tenía precedentes en vender capturas de internet y está especializada en prensa rosa. Al menos, podrían haber reparado en esa extraña forma espectral invertida que aparece a la derecha del presunto Chávez tras la manipulación de la imagen, que hace sospechar que su autor la pusiera ahí para reírse del destinatario.

Continúa leyendo Obituario