El mito monárquico

Al rey emérito teníamos que estarle eternamente agradecidos por traer y consolidar la democracia, un mítico (y algo insultante) relato que no resistió el tiempo suficiente como para que su particular estilo de vida siguiera siendo compatible con el cargo. Durante años mucha gente nos repitió que el 23-F un Borbón se ganó una suerte de moderno derecho de pernada. Caducó, como las cacerías exóticas pagadas por todos y la impunidad que impedía llevarlas a las portadas.

Ahora todo es más transparente. Un yerno del mismo tipo usó su posición y a su familia para hacer negocios sucios con el dinero de nuestros impuestos; quizá con la connivencia, veremos también si la participación, de su esposa e infanta de España. La justicia dirá. Una hermana del mismo tipo, otra infanta, aparece como propietaria de una empresa en un paraíso fiscal que duró casi el mismo tiempo que su reinado.

Juan Carlos es así, vive rodeado de casualidades; accidentes permanentes como su misma proclamación y su final y decrépita abdicación.

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España, mañana, será España

Ha vuelto el 14 de abril. Es un día terco, que se empeña cada año en hacerse notar. Y aquí está, recordándonos una vez más nuestra historia.

Porque los catorces de abril España habla de algo que ocurrió en el año 1931. Algunos lo hacen porque aquello les gustó, y otros porque les disgustó. Les disgustó tanto que cinco años después estaban pegando tortazos a los primeros, y luego los otros viceversa, y así tres años más hasta que al final un señor bajito y con bigote, como los grandes clásicos, se proclamó Jefe de todos ellos y Generalísimo y no sé cuántas cosas más, dejando un país devastado y lleno de muertos tras de sí.

La historia es realmente triste, más o menos como toda la historia de España del siglo XVIII en adelante (porque bueno, lo anterior… es que eran otros tiempos, tú). El caso es que los españoles no la recuerdan porque sí; la recuerdan para reivindicar algo para la España de hoy. Porque resulta que el señor aquel bajito y con bigote se murió (es lo que tiene la biología, que es implacable seas creyente o ateo) y luego unos señores políticos hicieron cosas, permitieron a todos los señores y señoras votar a un señor que mandase y además trajeron a un último señor, aconsejados por el bajito fallecido, que estaba por Europa (aún desunida, o mejor dicho, más desunida) y lo proclamaron rey, que no iba a mandar pero sí iba a cobrar. Desde entonces, el citado señor rey se va de caza, se accidenta y hace discursos junto a árboles con bolas con periodicidad anual, y el pueblo, compuesto por los señores y señoras que votan (todo menos a él, que ya lo votaron una vez y bastó) está más o menos contento.

Y aquí es donde viene el asunto. Porque los que ganaron en 1931 y perdieron en 1939 dicen que con su República (en mayúscula, porque hablan de una concreta) vivíamos mejor. Luego hay otros, que son pocos y por lo general (general, jiji) mal vistos, que dicen que con el bajito se vivía mejor. La mayoría minoritaria, la más representativa de entre quienes votan y cambian señores menos al señor rey, dice que está contenta con el tal señor rey pero que su hijo es un pánfilo y que lo suyo habrá que pensárselo. Por último, están los que sencillamente dicen ser republicanos (que quieren que haya un señor como el rey pero que haga más cosas y votándolo como al señor que manda y no es rey) y los monárquicos (que afirman que el hijo del señor rey y por tanto futuro señor rey no es pánfilo porque ha estudiado, y que el sistema es chuli porque podemos ver bodas por la tele y dar trabajo a chavales en el Hola. Ah, y porque es estable. Que eso sí… o no, porque en realidad nadie sabe cómo habría sido la historia si no se hubiera traido de vuelta a nadie).

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