El mito monárquico

Al rey emérito teníamos que estarle eternamente agradecidos por traer y consolidar la democracia, un mítico (y algo insultante) relato que no resistió el tiempo suficiente como para que su particular estilo de vida siguiera siendo compatible con el cargo. Durante años mucha gente nos repitió que el 23-F un Borbón se ganó una suerte de moderno derecho de pernada. Caducó, como las cacerías exóticas pagadas por todos y la impunidad que impedía llevarlas a las portadas.

Ahora todo es más transparente. Un yerno del mismo tipo usó su posición y a su familia para hacer negocios sucios con el dinero de nuestros impuestos; quizá con la connivencia, veremos también si la participación, de su esposa e infanta de España. La justicia dirá. Una hermana del mismo tipo, otra infanta, aparece como propietaria de una empresa en un paraíso fiscal que duró casi el mismo tiempo que su reinado.

Juan Carlos es así, vive rodeado de casualidades; accidentes permanentes como su misma proclamación y su final y decrépita abdicación.

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