Trump, el inesperado antisistema

Cuando los británicos decidieron abandonar la Unión Europea el continente se levantó de resaca y tachó a sus votantes y políticos de irresponsables, de suicidas y de ignorantes. Cuando los colombianos, tras décadas de guerra, decidieron que no aprobaban el acuerdo de paz que proponía el presidente Santos, el mundo volvió a quedarse contrariado. Hoy la consigna es que los estadounidenses también son irresponsables, suicidas e ignorantes.

Podríamos, en cambio, hacer un esfuerzo paralelo de gran utilidad: no dar más importancia a las consecuencias que al origen de los problemas. La mayoría de electores que ha optado por Trump no responden a un prototipo de ciudadano sin estudios, que porta armas de fuego, es machista y homófobo y además quiere deportar a su vecino hispano. Si fuese así, Obama jamás habría sido presidente. Tampoco se han vuelto locos en cuatro años.

Dentro de unos meses votan los franceses y hoy Le Pen ha felicitado la victoria de su candidato amigo. Si dejamos de creernos moralmente superiores a todo lo que se mueve a nuestro alrededor y regresamos al pragmatismo y la acción, estaremos preparados para evitar que Trump le devuelva el gesto de cortesía el próximo mes de mayo.

Buena parte de los votantes del populismo ultraderechista francés vienen de la izquierda desencantada. Los estudios postelectorales de las elecciones catalanas en la que una plataforma xenófoba estuvo a punto de acceder al Parlament comprobaron, con estupor, que habían recibido a viejos votantes del PSC. Hoy, Trump, es el resultado de otra evidencia: cada vez los Estados del mundo son más iguales entre sí pero cada vez las sociedades dentro de los Estados son más desiguales entre clases e incluso entre generaciones. Desigualdades, estas últimas, que se empiezan a hacer muy visibles en los Estados occidentales y están tumbando sistemas políticos. Lo acabamos de ver en España. Ahora pensad qué candidato de los dos era el perfecto representante del ‘statu quo’ en la elección de este martes.

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Más que cuatro años más

Barack Obama Reelección 2012

Masachusetts ha legalizado esta noche la marihuana con fines terapéuticos. Colorado, Oregon y Washington han pensado en la misma planta con otros fines: su consumo para la recaudación fiscal. Acertada idea. En Colorado han votado a favor y en Oregon en contra. Maine lo ha hecho para dar luz verde al matrimonio homosexual, un día después de su confirmación en España. Maryland también. Mary-land. Jiji. Hablando de esto, una mujer abiertamente lesbiana podría ser elegida para un cargo por sus ciudadanos y, además, en una rareza democrática sin precedentes, otro señor que habló de los designios de Dios en asuntos de violaciones “legítimas” a mujeres habría recibido la lección contraria, quedándose sin el sillón al que aspiraba. A pesar de esto, todavía hay quien afirma dejándose llevar por los tópicos (y por el odio de envidia cinematográfica, todo hay que decirlo) que los raros son los estadounidenses, que votan así, y no los españoles que reeligen corruptos con entusiasmo. Lo hablaremos.

Kentucky ha incluido en su Constitución un derecho civil muy necesario: el derecho a cazar y pescar, que merecía un punto y aparte.

Mientras todo esto pasaba, alguien en Florida recontaba votos en formato sábana de manera desesperada. Votos, muchos votos. Es probable que a esta hora aún lo siga haciendo, y quizá un par de meses más. Es una vieja costumbre que podría justificar otra idea: que la sociedad americana es profundamente conservadora. Como no parece el caso de la costa Este, habrá que pensar en ello.

Ah, y Barack Obama ha sido reelegido como presidente de los Estados Unidos de América. Four more years. Esa costumbre yankee por solapar elecciones y votar cosas curiosas hace que otras pasen desapercibidas.

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