“No es el fin del bipartidismo, es el fin del partidismo”

La esquizofrénica rueda de prensa que protagonizó Esperanza Aguirre después de su derrota electoral no deja de ser el final perfecto a una carrera delirante. La suya y la de un país simbolizado en ella.

El tiempo político de esos dinosaurios predicadores del pasado, con un presunto gran poder, ha terminado. Cospedal, Rudi o Barberá parecen haberlo entendido y preparan su salida en silencio. Aguirre, en cambio, ha optado por engordar su caricatura hasta el final. Es una vieja artista haciendo el ridículo sobre un escenario en el que ya no es aclamada.

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La (¿última?) oportunidad de la Comunidad de Madrid

Hace un año parecía claro e imparable un giro a la izquierda en la Comunidad de Madrid. Hoy las encuestas dicen que no, que la suma del PP y Ciudadanos sería idéntica a lo que hace cuatro años consiguió sumar Aguirre antes de marcharse a preparar el regreso. Cifuentes será presidenta.

Unos dirán que la culpa es de la furiosa campaña de Mediaset y Atresmedia para aupar a Ciudadanos y salvar el sistema político. Otros, de una campaña parecida pero anterior para hacer lo mismo con Podemos, y que sin la izquierda primero y la oposición entera después en clara división, el cambio estaría hecho. Otros, que la culpa es de los partidos clásicos de la izquierda, PSOE e IU, que ante la enésima oportunidad histórica han decidido enredarse en hablar de sí mismos y sus eternos conflictos internos, que hace años que no importan a nadie y que de hecho protagonizaron y provocaron la mayor traición a nuestra democracia desde el 23F. Ni olvido ni perdón, y todo aquello. Ah, y la coyuntura, el contexto, el capitalismo, la globalización y los gnomos malvados.

En realidad es probable que todos tengan razón. Ciudadanos supone una alternativa liberal cosmética al voto urbano desencantado del PP, que era inevitable. Podemos fue lo mismo por el lado de la izquierda, dividiendo el voto y haciendo más difícil competir. Ellos, a su vez, eran otra obviedad histórica porque PSOE e IU habían roto su compromiso con varias generaciones y sectores sociales, estaban gobernados por sus caciques y dinámicas de siempre y, sin la agitación y el miedo a desaparecer en este nuevo contexto, eso jamás habría cambiado; como tampoco la intensidad de sus propuestas. Podríamos decir algo sobre UPyD pero ya para qué, si ellos nos lo cuentan todo y son los genios de la transparencia.

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Pobre Madrid

Tanto aparece el nombre de Madrid en las tertulias, en los discursos, en los periódicos o en los libros, que alguien pudiera pensar que existe alguna ciudad o región ilustre con ese nombre recibiendo enormes atenciones por parte de millones de personas. De hecho algún iluso, desinformado en el mejor de los casos, así lo cree.

Sin embargo, Madrid se convirtió hace mucho en un concepto abstracto que algunos parecen usar cuando en realidad quieren decir España. Curiosamente, esto suele hacerse desde fuera de la chulesca y prepotente villa. Unos, porque pretenden identificar la maldad nacional con el nombre de su capital, y es que un enemigo con nombre propio nunca viene mal. Otros, porque quieren referirse a una España en concreto, teñida de una ideología particular y una simbología determinada a la que por economía o por maldad se ha llamado así: Madrid.

Real Casa de Correos
Real Casa de Correos, sede de la presidencia de la Comunidad de Madrid. Fotografía oficial del 16 de junio de 2011, durante la toma de posesión de la presidenta.

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2 de mayo: patria, política, libertad

Hoy es 2 de mayo, un día de efemérides complicadas multihipánicas, de esas que encienden el corazón e incendian las neuronas de cualquier español de bien o mal.

Por un lado, es el día de la Comunidad de Madrid; esa que fue creada al calor de la Constitución de 1978 y que tiene el himno más sórdido de todos los civiles que jamás fueron redactados y compuestos.

El fusilamiento del 3 de mayo, Francisco de Goya
El fusilamiento del 3 de mayo, Francisco de Goya y Lucientes.

Para muchos, la región del centro es tema de conversación habitual por un sospechoso centralismo y una más sospechosa prepotencia. Teniendo en cuenta que hace unas pocas décadas la provincia no pasaba del millón y medio de habitantes y ahora anda ya rozando los seis y medio (y que los madrileños no se reproducen por esporas), que las caravanas en las carreteras cuando llegan los puentes y fiestas de guardar son de salida y no al revés, que el hombre que compuso esa letra que habla de “el Ente Autónomo último, el puro y sincero” nació en Zamora, y que la firmó un presidente nacido en Cantabria, tampoco es necesario dar más alas al debate sobre el estúpido tópico. Es un problema que tanta gente no se haya dado cuenta de que el centralismo es un asunto ideológico y no geográfico o social. Disfrazarlo como un conflicto entre pueblos y territorios cuando en realidad es otra cosa resulta poco edificante. Eso, y que a algunos les viene bien un enemigo material llamado Madrid sobre el que volcar obsesiones que en realidad tienen otro nombre, que empieza por E. De España. Enemigo que para otros es amigo, que sirve para volcar obsesiones en sentido contrario. Esos típicos juegos políticos creados por dirigentes que quieren cuidar su sillón y que curiosamente los ciudadanos acaban abrazando entusiasmados. Hablaremos ahora de ello.

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No sólo es quién, es también cómo

No estamos acostumbrados a que los líderes políticos en España hagan feroces críticas de su propia gestión; pero ayer Esperanza Aguirre, habitual rompedora de esquemas, invalidó la suya de, al menos, los últimos cuatro años.

Esperanza Aguirre y Rajoy
Esperanza Aguirre se reúne con Mariano Rajoy en el Palacio de La Moncloa. Una fotografía oficial de la Comunidad de Madrid.

Es lo que hizo cuando afirmó que, “si España lo necesita”, las Comunidades deberían devolver las competencias en sanidad, educación y justicia al Gobierno de España. Al tiempo, propone la presidenta madrileña que los servicios sociales y los transportes recaigan sobre los ayuntamientos. Es decir, propuso, en una frase más elaborada e indirecta, eliminar de un plumazo el Estado autonómico.

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