Cámara TVE

En RTVE ya no hay vuelta atrás

Sentada en RTVE

Recuerda Ximo Clemente que hace un año a estas horas se reunió el Consell de la Generalitat Valenciana para destituir al consejo de RTVV y nombrar liquidador.

Justo doce meses después Twitter se llena de fotografías y mensajes de los trabajadores de la corporación pública estatal RTVE. Trabajadores que a estas horas mantienen una redacción de informativos vacía y paralizada, mientras hacen una sentada junto a los despachos de la dirección que ha destituido de un plumazo a los jefes de área. Un paso más en una gestión anacrónica con la que se pretende controlar ideológicamente un medio público con las herramientas y estrategias de manipulación de décadas pasadas.

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Viñeta El Roto Febrero 2013

Preguntas, respuestas y jueces ciegos

“Un 84% [de los ciudadanos, se entiende] cree que el juez debería imputar a la Infanta Cristina”. Este titular, a cuatro columnas, es el que abre hoy la portada de El Mundo. Después, se añaden otras afirmaciones contundentes. Por un lado, que “sólo un 15% de los españoles piensa que el caso Urdangarin está demostrando que la justicia es igual para todos”. Por otro, que “un 74% opina que Griñán sabía lo de los ERE y un 80% que el gerente del PSOE debería dimitir por contratar a Amy Martin”. Por último, que “un 92% quiere que Oriol Pujol deje sus cargos si es imputado y un 95% que se investigue la fortuna de los hermanos”.

La pregunta inevitable que cabe hacerse es… ¿dónde está la noticia? Hay preguntas que podrían estar bien orientadas. Que un 80% de los españoles considere que el gerente del PSOE debería dimitir por contratar a una señora que no existe parece de puro sentido común. De hecho, de rebote, cabe preguntarse qué le pasa por la cabeza al 20% restante. Sin embargo, el titular principal chirría casi tanto como la existencia a día de hoy de la institución afectada por su contenido.

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Captura El País

Obituario

Segundos. Es el tiempo que algunos periodistas tardaron en darse cuenta de que la fotografía que El País acababa de publicar a toda página era o podía ser falsa, y en comunicarlo a través de Twitter y los canales del propio diario. Minutos. Es el tiempo que tardaron en corroborar que lo era. Horas. Es el tiempo que esa fotografía estuvo en la redacción, o al menos en algún despacho directivo, del rotativo de referencia en habla hispana.

Qué pasó en esa fatídica noche del 23 al 24 de enero es un misterio que tampoco aclara el comunicado de disculpas. Resulta increíble pensar que un grupo de profesionales de la prensa, por pequeño que fuera el círculo en el que se tomó la decisión, no vieran nada extraño en la calidad de la imagen, ni en su textura, ni en su procedencia, por muchos años que El País hubiera trabajado ya con la agencia responsable de hacérsela llegar. O precisamente por eso: ya tenía precedentes en vender capturas de internet y está especializada en prensa rosa. Al menos, podrían haber reparado en esa extraña forma espectral invertida que aparece a la derecha del presunto Chávez tras la manipulación de la imagen, que hace sospechar que su autor la pusiera ahí para reírse del destinatario.

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Si algo pasaba

Qué sería de nosotros sin sentidos ni sentido que darles. Nuestra vista, para leernos; nuestro gusto. Nuestro buen gusto, que nos lleva tantos días a regalar a los oídos el placer de escuchar la radio. Un placer que se hereda, se siente; quizá con el que se vive desde siempre y para siempre.

Era pequeño y ya me interesaba el mundo que me rodeaba. Leía el Pequeño País con seis años. Con siete, la sección de Internacional. No entendía nada, pero me acercaba en forma de cuentos a extraños y exóticos lugares. Me encerraba con ellos en la soledad de mi habitación, con su estética de invernal domingo por la tarde, forjando así ese punto bohemio que ya nunca dejaron de tener.

Llegaba el verano, el calor, los domingos se respiraban con olor a campo y los periódicos acababan siendo usados como almohada vespertina, tras cumplir su función matinal con respetados padres. Jugábamos al baloncesto, nadábamos y volvíamos a casa. En el traqueteo del trayecto en coche siempre acompañaba, de fondo, casi dormidos y aún sin cinturón de seguridad, ese sonido inconfundible, el de la Cadena SER.

Gemma Nierga

Gemma Nierga, Cadena SER.

Ese sonido que me llevaba a preguntar, a querer saciar mi curiosidad. Entre los dos, los tres conmigo, fuimos creciendo. Del papel a las ondas, de las ondas al papel. Con largas lecturas, con emocionantes voces. Quebradas, fuertes, alegres, enfadadas. Indignadas, diríamos ahora. Esos pitidos, esas campanadas que daban paso a lo desconocido. Y con el tiempo, a conocer.

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La importancia de una imagen

En el primer artículo de esta jornada hemos hablado de la convocatoria de huelga general tratando sus causas y posibles consecuencias, así como los argumentos para secundarla o no.

Otro de los puntos centrales de toda huelga es la tradicional rivalidad entre algunos sectores políticos e ideológicos y los sindicatos. Asimismo, el gobierno afirmó hace unos días que esta huelga perjudica la imagen de España en el exterior. Con todos estos ingredientes podemos hacer un buen cóctel.

Huelga General en Libertad Digital

Huelga general, carteles y bocadillos; en Libertad Digital.

Algunos medios con una clara tendencia política antisindical, como Libertad Digital o La Razón, han incluído secciones en sus páginas web en las que los usuarios pueden compartir fotografías con las acciones de los piquetes sindicales informativos que tengan actitudes violentas, y las consecuencias de esa violencia. Este tipo de imágenes también se están difundiendo a través de Twitter.

Lo cierto es que existen y son conocidas. Pero quizá sea exagerado afirmar que constituyen una generalidad. De hecho, los sindicatos pueden realizar una labor de presión ciertamente intensa en los grandes centros de trabajo y las zonas estratégicas de las grandes capitales, pero es complicado verlos más allá. Rara es la ocasión en que esta actividad se desarrolla en zonas periféricas o lejos del foco mediático, donde las fuerzas de seguridad tendrían también más complicado defender los derechos de aquellos ciudadanos que quisieran trabajar.

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