Bienvenidos

Bienvenidos a la democracia parlamentaria. Por fin.

El resultado de las elecciones es el peor que podrían esperar los cuatro nuevos grandes partidos porque les obliga a retratarse. Todos deben salvar España (qué digo España, ¡el mundo!) salvándose a sí mismos. Conjugar ambas cosas va a necesitar de sexo, drogas y mucha inteligencia. ¿Por ese orden? Pues quizá, ya todo es posible.

El PP tiene la legitimidad de ser el primero en intentar formar gobierno. Es ahora cuando va a comprender de qué sirve en un sistema parlamentario jugar a la exclusión y la agitación visceral permanente. Rajoy (como ya le enseñó su predecesor y ahora enemigo) ha dinamitado todos los puentes de entendimiento que le podrían servir para salvar la silla. A la hora de pactar importa más no causar rechazo que generar afecto, como tanto se ha repetido estos días. Sólo tiene el cariño inevitable de Ciudadanos y es insuficiente.

Todo el mundo mira al PSOE con cara de pena. El PSOE, experto en destruirse a sí mismo, mira a los demás con la misma cara de pena y a los suyos con hambre caníbal. El espectáculo será dantesco. Como siempre. Estos días va a recibir presiones para dejar gobernar a Rajoy, es cierto; como lo es que muchos están deseando que eso pase para confirmar su propio discurso y poder rematar a un partido que a pesar de sus enemigos y a pesar de sus dirigentes no acaba de morir. Ay, qué ilusos.

En realidad el PSOE lo tiene muy fácil. Del mismo modo que Rajoy tiene la legitimidad de buscar apoyos, Pedro Sánchez tiene la de liderar la alternativa. Basta con que presenten a su candidato con un programa social y de Estado que las fuerzas de la izquierda no puedan rechazar y dejarse querer o matar. Una y otra vez. Si sale, bien. Si no sale, nuevas elecciones y que la gente, ese concepto de moda, decida.

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Es la ideología

La ultraderecha francesa no ha conseguido gobernar ninguna región del país. Mucha gente lo celebra pero el optimismo debería ser contenido.

Lo que ha cambiado desde el último susto similar, cuando Francia salió a votar en masa por Chirac, es que esta vez las diferencias han sido más pequeñas. Le Pen no está hoy en condiciones de ganar una segunda vuelta en las presidenciales, pero el crecimiento de la radicalidad ya no es una anécdota. Ni siquiera la generosa retirada de algunas candidaturas del PS ha hecho que el Frente Nacional sufra una derrota tan apabullante como cabría esperar. Están ahí y se van a quedar.

Otra cosa que ha cambiado es cómo condicionan la agenda: la derecha que se presume moderada está asumiendo muchos postulados que no estarían sobre la mesa sin esa presión electoral. La mejor victoria del Frente Nacional y la peor de la República. Nada empobrece más que perder la batalla ideológica.

Hablemos pues de esa batalla. En España hay partidos identificados en los ejes izquierda-derecha por los electores que en cambio reniegan de ese marco y hablan de superarlos. Dicen, de hecho, que ya se han superado. Un discurso falaz que ayuda a que algunos cuelen como novedosos, modernos y rompedores principios reaccionarios más vistos que el tebeo entre gente con poca memoria y susceptible de ser manipulada.

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El PSOE, ¿voto útil de la derecha?

Si hay un momento que llama a los tópicos es el de la celebración de las elecciones en Andalucía. Ciudadanos en general, periodistas y hasta los propios políticos caen o caemos en ellos. El PP nacional suele dar disgustos a su división regional con salidas de tono sobre el carácter de los andaluces, que no parecen la mejor manera de ganar su confianza. Anoche, un diputado de UPyD también mostró su mal perder: Carlos Martínez Gorriarán concluyó que si a su partido no le otorgan representación, pues ellos se lo pierden. El error siempre es ajeno.

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