El multipartidismo es divertido

Mucha gente se ha pasado años pidiendo el fin del bipartidismo y ahora, cuando llega, no sabe comportarse de acuerdo a ese escenario. Quizá porque en realidad estaba pidiendo otra cosa.

El multipartidismo consiste en negociar y en ceder. Lo contrario a las victorias y a las imposiciones.

Es normal que un acuerdo de la CUP invistiendo a un presidente de CDC le chirríe a cualquier catalán que no simpatice con este partido. Hay falta de costumbre.

En realidad, lo extraño no es que un partido anticapitalista pacte con uno liberal y de derechas; que quizá también. Lo extraño es el contenido del pacto y que teniéndolo todo a favor haya sido tan mal negociador.

Es una lección. Cuando quienes tiran de una cuerda son los primeros interesados en que no se rompa (y el independentismo lo que menos necesitaba eran nuevas elecciones) el final del juego suele ser una mofa de la que nadie sale contento.

Las cabezas israelíes y palestinas valen lo mismo. En un sistema parlamentario a menudo valen más las de grupos minoritarios.

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