Barcelona desde Montjuïc Especial 9N

Cataluña ha cambiado para siempre

Han pasado dos años desde que comenzó en Cataluña una película llamada “El proceso” (“El Procés” en V.O.). En ella, políticos y medios de todos los colores, de Barcelona a Madrid pasando por Sevilla, han sobreactuado hasta el límite. Ese límite era el 9 de noviembre de 2014. Los protagonistas del guión tenían un objetivo para esa fecha: la celebración de una consulta para decidir si Cataluña debe ser un Estado.

Unos decían que es ilegal, que nunca se celebraría y que la Generalitat lo sabía pero jugaba a ganar tiempo. Otros, que el independentismo no era flor de un día, que habría que escuchar a un sector de la sociedad que no se iba a rendir. Algunos llegaron a decir que ambas cosas eran ciertas y han conseguido tener razón. El principal problema es que la política ha entrado en una dinámica en la que lo más importante parece eso: tener razón. Ante una opinión pública marcada por tertulias que exigen respuestas binarias, analizar y querer resolver los problemas es visto como una debilidad.

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El vicio de las etiquetas del vicio

El vicio de las etiquetas del vicio

Hay una época vital de descubrimiento sexual. Es esa en la que todo adolescente nota que algo cambia en su cuerpo y también a su alrededor. Los niños ya no tiran piedras a las niñas, se acercan a ellas. Las niñas empiezan a atender a las costumbres tribales de chavales que aporrean balones y celebran goles sin escatimar en roces. Roces que a veces acaban en drama: “¿me ha gustado?” Aparece entonces la gran pregunta: “¿seré maricón?”

No hay otra. No hay una opción intermedia. Nuestra sociedad exige izquierda o derecha, independentismo o unionismo. Las terceras vías son para cobardes, y cuando la mayor parte de la población ha levantado sus rastrillos y se dirige hacia la hoguera en la que arderá el enemigo, aquel que no esté vociferando en una trinchera será el primero en morir. Nos lo demuestra la política actual. Sirve para otros ámbitos de la vida.

La homofobia existe. La persecución a las personas que sienten atracción por otras de su mismo sexo es aún una realidad social en Europa e incluso una realidad institucional en otras regiones del mundo. Hay encarcelamientos, torturas, palizas o condenas a muerte. Grandes colectivos luchan para acabar con la discriminación, otros la justifican y algunos sienten indiferencia; pero siempre desde el conocimiento de lo que pasa.

Nadie niega tampoco que la homosexualidad misma exista. Los gais del mundo son señalados por aquello que son, por una condición que han aceptado y que su entorno, desde la aprobación o el rechazo, asume como cierta.

No ocurre lo mismo con los bisexuales. También son perseguidos, despedidos de sus empresas por mostrar en público un sentimiento y señalados por la presión social. Pero ellos sufren un segundo acoso, más sutil aunque no menos hiriente: la negación de su existencia.

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Proclamación Felipe VI

¿Queríamos la Tercera?

“España, mañana, será republicana”. Esto es lo que se grita desde hace años en manifestaciones de izquierdas. Parece que ese mañana tiene que esperar. Según una encuesta de eldiario.es la mayor parte de los españoles aún apuesta por la monarquía parlamentaria. Ese apoyo crece si el Jefe del Estado es Felipe de Borbón; así que el hecho sucesorio se ha consumado dando cumplimiento a la Constitución y poniendo fin a este capítulo. Intento fallido.

España tiene una tendencia tan agresiva a perpetuar e ideologizar sus debates que resulta imposible vaciarlos de tópicos, pero sobre todo de sentimientos. Para muchos ciudadanos, defender la república tiene más connotaciones que la capacidad de elegir al máximo representante de los españoles. El recuerdo al abuelo que no conoció o a la guerra en la que sí estuvo. No es un absurdo ni una obsesión: eso que parece tan lejano tiene testigos vivos. No hablamos de la prehistoria, sino de dos Españas que insisten en odiarse mientras la tercera vía, aquí y allá, es bombardeada con alegría. Por lo mismo, si uno se define como republicano, de manera automática pasa a ser de extrema izquierda, radical, violento, muy peligroso y antipatriota.

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EEUU vs UE

Acercamiento al debate transgénico

Comparación entre las bases argumentativas subyacentes en las diferentes legislaciones (EEUU vs. UE)

Para el trabajo de fin de grado teníamos dos limitaciones: un máximo de 4000 palabras y estaba prohibido investigar.

Así que decidí decantarme por comentar las diferencias legislativas entre los EEUU y la UE en materia de cultivos transgénicos. Comenté a grandes rasgos la legislación del tema y ahondé en los discursos argumentativos en que se sustenta uno y otro modelo para presentarlos a quien estuviera interesado.

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Pablo Iglesias (Podemos)

Mensajes cruzados: la izquierda, Cataluña y España

“Las elecciones europeas no sirven para nada”. De momento, están teniendo muchas más consecuencias inmediatas en política interna que las últimas generales. El PP proclama que las ha ganado y a continuación desmonta el balcón de las celebraciones sin llegar a usarlo. El día después, la dirección del PSOE anuncia que se retira y que celebrará un congreso extraordinario en menos de dos meses. Y en todos los medios resuena un titular: “Se acabó el bipartidismo”. Junto a otro: “Sí se podía”.

Las elecciones de ayer dejaron varios mensajes para quien quiera leerlos. El primero al Partido Popular: su electorado no lo aguanta todo ni será eterno (esto último es bastante estricto porque, según el CIS, tiene la base electoral más envejecida). El PP fue el partido más votado, pero perdió las elecciones ante una izquierda que dividida, venció.

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