El acomplejado y la excusa

Cuando alguien defiende los derechos de las mujeres, de los refugiados o de las personas sin casa nadie le pregunta sobre su sexo, su nacionalidad o su situación económica. En cambio, muchos hombres siguen teniendo miedo a que defender la diversidad sexual y afectiva ponga en cuestión su virilidad, su condición de macho de la tribu. Un prototipo de hombre que responde a una construcción ya agotada por la evolución y que provoca mucha pena y ningún respeto.

¿Qué es ser un hombre? Si se consideran algo más complejo que simples primates deberían preguntarse qué es ser un hombre justo y decente.

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La Unión (Europea) no es el enemigo

Mucha gente dice hoy que no quiere celebrar esta Europa. Otras veces dice que no quiere celebrar esta España. O esta Catalunya. O esta Madrid. Como si los Estados o las instituciones fuesen en sí mismos bondadosos o perversos.

El problema de este discurso, que puede parecer indignado o rebelde, es que obvia lo que de verdad es importante. El problema de este discurso es que es justo el que beneficia al enemigo porque no centra el foco sobre él ni le hace sentir incómodo.

Cuando estalló la crisis económica había gente que hablaba de “los mercados”, un enemigo abstracto que se parecía mucho a los gnomos del bosque, mientras los responsables con nombres y apellidos de aquel desastre se iban de rositas. Ahora todavía hay gente que grita contra el malvado IBEX-35, pero nadie se ha cruzado a ese tipo por la calle y le ha agarrado de la chaqueta para preguntarle de qué va. No pasará nunca.

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“Queremos cambio, no recambio”

Lo que hizo ayer Pablo Iglesias es muy grave. Lo que se ha hecho después para justificarle es casi peor.

¿Corporativismo en la prensa? La frase anterior no la firmarían, por convicción, muchos periodistas que han salido a defenderle. Por razones obvias ninguna profesión está tan expuesta al escrutinio público. En ninguna vemos, por ello, tantos ataques de compañeros entre sí. A diario.

Esto es bueno. Al periodismo se viene llorado de casa.

La prensa, como la política, puede ser criticada por cualquiera. Cuando se es político existen unos códigos. Pablo Iglesias es político y además un cargo público; esté en una universidad, en el Congreso o en su casa. Esa suerte de excusita que busca disfrazar de análisis académico sus frases polémicas ya no cuela. La representación jamás se despega del personaje que la ejerce.

Fue Pablo Iglesias quien acompañó (según su relato ese es el verbo correcto) a un grupo de estudiantes a gritar “Fuera políticos de la universidad”. Pero él tiene una doble vida. Una doble alma. Es el puto amo. No es político sino un pensador.

Y Rajoy sólo un pelele con ruedines. Vaya cara.

En cualquier caso, en el ámbito académico y en su nombre también se dicen a diario barbaridades reprobables. Ay, la humildad.

Pablo Iglesias no criticó ayer a la prensa o la vileza del sistema. Hizo algo más: señaló a un periodista en concreto ante un auditorio que él sabía dispuesto a reír su gracia. Nos ha dicho tantas veces que Podemos no es de izquierdas, que ese es un marco superado, que al final nos ha convencido por la vía de los hechos: la izquierda jamás señalaría al último peón del tablero.

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Votar a los 16

No parece haber ningún argumento para fijar la edad de voto en los 14, los 16, los 18 o los 21 años aparte de la necesaria coherencia entre el ejercicio de derechos y deberes de los ciudadanos. Es decir: el debate no está en la edad a la que se empieza a asumir cada uno sino en la armonía entre todos ellos.

En España se es libre para tener relaciones sexuales o trabajar a partir de los 16 años. Para votar hay que esperar a los 18.

Hay quien dice que a los 16 años no se tiene la formación ni la información necesaria para votar con criterio y libertad. ¿Cómo se determina objetivamente cuándo sí? ¿Debería privarse del derecho de voto a los adultos que no acrediten una determinada formación? ¿Cuál? ¿Qué es un adulto? ¿Qué es un adulto formado?

Visto el clasismo con el que se habla de ciertas masas de votantes, es probable que para los defensores de este tipo de ideas los votantes sin criterio coincidan con los que no votan como ellos querrían. Ah, sí: viva el sufragio censitario.

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El mito monárquico

Al rey emérito teníamos que estarle eternamente agradecidos por traer y consolidar la democracia, un mítico (y algo insultante) relato que no resistió el tiempo suficiente como para que su particular estilo de vida siguiera siendo compatible con el cargo. Durante años mucha gente nos repitió que el 23-F un Borbón se ganó una suerte de moderno derecho de pernada. Caducó, como las cacerías exóticas pagadas por todos y la impunidad que impedía llevarlas a las portadas.

Ahora todo es más transparente. Un yerno del mismo tipo usó su posición y a su familia para hacer negocios sucios con el dinero de nuestros impuestos; quizá con la connivencia, veremos también si la participación, de su esposa e infanta de España. La justicia dirá. Una hermana del mismo tipo, otra infanta, aparece como propietaria de una empresa en un paraíso fiscal que duró casi el mismo tiempo que su reinado.

Juan Carlos es así, vive rodeado de casualidades; accidentes permanentes como su misma proclamación y su final y decrépita abdicación.

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