Manuela Carmena

“No es el fin del bipartidismo, es el fin del partidismo”

La esquizofrénica rueda de prensa que protagonizó Esperanza Aguirre después de su derrota electoral no deja de ser el final perfecto a una carrera delirante. La suya y la de un país simbolizado en ella.

El tiempo político de esos dinosaurios predicadores del pasado, con un presunto gran poder, ha terminado. Cospedal, Rudi o Barberá parecen haberlo entendido y preparan su salida en silencio. Aguirre, en cambio, ha optado por engordar su caricatura hasta el final. Es una vieja artista haciendo el ridículo sobre un escenario en el que ya no es aclamada.

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Cartel de campaña de Alfred Bosch
Imagen 2015 de los Telenoticias de Telemadrid
Marea verde por la escuela pública en Madrid

La (¿última?) oportunidad de la Comunidad de Madrid

Hace un año parecía claro e imparable un giro a la izquierda en la Comunidad de Madrid. Hoy las encuestas dicen que no, que la suma del PP y Ciudadanos sería idéntica a lo que hace cuatro años consiguió sumar Aguirre antes de marcharse a preparar el regreso. Cifuentes será presidenta.

Unos dirán que la culpa es de la furiosa campaña de Mediaset y Atresmedia para aupar a Ciudadanos y salvar el sistema político. Otros, de una campaña parecida pero anterior para hacer lo mismo con Podemos, y que sin la izquierda primero y la oposición entera después en clara división, el cambio estaría hecho. Otros, que la culpa es de los partidos clásicos de la izquierda, PSOE e IU, que ante la enésima oportunidad histórica han decidido enredarse en hablar de sí mismos y sus eternos conflictos internos, que hace años que no importan a nadie y que de hecho protagonizaron y provocaron la mayor traición a nuestra democracia desde el 23F. Ni olvido ni perdón, y todo aquello. Ah, y la coyuntura, el contexto, el capitalismo, la globalización y los gnomos malvados.

En realidad es probable que todos tengan razón. Ciudadanos supone una alternativa liberal cosmética al voto urbano desencantado del PP, que era inevitable. Podemos fue lo mismo por el lado de la izquierda, dividiendo el voto y haciendo más difícil competir. Ellos, a su vez, eran otra obviedad histórica porque PSOE e IU habían roto su compromiso con varias generaciones y sectores sociales, estaban gobernados por sus caciques y dinámicas de siempre y, sin la agitación y el miedo a desaparecer en este nuevo contexto, eso jamás habría cambiado; como tampoco la intensidad de sus propuestas. Podríamos decir algo sobre UPyD pero ya para qué, si ellos nos lo cuentan todo y son los genios de la transparencia.

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Twitter incendia Twitter

Las redes sociales son objeto de estudio y análisis constante. También protagonistas de noticias sobre incendios virtuales recurrentes. Existe incluso un grado universitario sobre el tema. En cambio, no sabemos casi nada: es un fenómeno reciente y con casi todo por explorar; donde abundan más los charlatanes que los expertos.

Hay dinámicas de las que uno siente contagiarse, a pesar de todo. De un tiempo a esta parte la gente parece siempre enfadada. En los noventa veíamos la tele con la familia y con ella destrozábamos al presentador. Ahora, la familia son millones de potenciales lectores que han entrado en una carrera por ser el más ingenioso atizando al político o periodista de turno, y que tienen la capacidad de dejar de ser anónimos por un rato. Los más interesados en ello han descubierto que la crispación vende, y medios de comunicación en horas bajas ayudan a extender su capacidad convirtiendo en noticia fenómenos de minuto y medio con el único fin de ser leídos o al menos visitados.

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