Consejos de año nuevo

Consejos de año nuevo

Oh, venga. Sé que estáis haciendo repasos fantásticos, fabulosos, fantabulosos y fabutásticos del año como si el uno de enero vuestra vida fuese a cambiar para siempre.

Pues no va a cambiar. No de repente. Pero os voy a dar un par de consejos. Cortos, porque uno de los consejos podría ser que dar consejos es de mal gusto. La gente solo aprende cuando le atropella ese camión que todos vieron antes, mientras un hijo de puta comenta al lado que sí, que “ya te lo decía yo”.

El primer consejo es que la vida es mucho más feliz cuando no hay hijos de puta alrededor. No os voy a decir que cojáis una guillotina. Es evidente que necesitaréis por lo menos dos.

El segundo consejo es que la violencia es mala, detestable y contraria a todo principio de civilización. Pero obviad esto por prescripción médica.

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Cámara TVE

En RTVE ya no hay vuelta atrás

Sentada en RTVE

Recuerda Ximo Clemente que hace un año a estas horas se reunió el Consell de la Generalitat Valenciana para destituir al consejo de RTVV y nombrar liquidador.

Justo doce meses después Twitter se llena de fotografías y mensajes de los trabajadores de la corporación pública estatal RTVE. Trabajadores que a estas horas mantienen una redacción de informativos vacía y paralizada, mientras hacen una sentada junto a los despachos de la dirección que ha destituido de un plumazo a los jefes de área. Un paso más en una gestión anacrónica con la que se pretende controlar ideológicamente un medio público con las herramientas y estrategias de manipulación de décadas pasadas.

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Barcelona desde Montjuïc Especial 9N

Cataluña ha cambiado para siempre

Han pasado dos años desde que comenzó en Cataluña una película llamada “El proceso” (“El Procés” en V.O.). En ella, políticos y medios de todos los colores, de Barcelona a Madrid pasando por Sevilla, han sobreactuado hasta el límite. Ese límite era el 9 de noviembre de 2014. Los protagonistas del guión tenían un objetivo para esa fecha: la celebración de una consulta para decidir si Cataluña debe ser un Estado.

Unos decían que es ilegal, que nunca se celebraría y que la Generalitat lo sabía pero jugaba a ganar tiempo. Otros, que el independentismo no era flor de un día, que habría que escuchar a un sector de la sociedad que no se iba a rendir. Algunos llegaron a decir que ambas cosas eran ciertas y han conseguido tener razón. El principal problema es que la política ha entrado en una dinámica en la que lo más importante parece eso: tener razón. Ante una opinión pública marcada por tertulias que exigen respuestas binarias, analizar y querer resolver los problemas es visto como una debilidad.

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El vicio de las etiquetas del vicio

El vicio de las etiquetas del vicio

Hay una época vital de descubrimiento sexual. Es esa en la que todo adolescente nota que algo cambia en su cuerpo y también a su alrededor. Los niños ya no tiran piedras a las niñas, se acercan a ellas. Las niñas empiezan a atender a las costumbres tribales de chavales que aporrean balones y celebran goles sin escatimar en roces. Roces que a veces acaban en drama: “¿me ha gustado?” Aparece entonces la gran pregunta: “¿seré maricón?”

No hay otra. No hay una opción intermedia. Nuestra sociedad exige izquierda o derecha, independentismo o unionismo. Las terceras vías son para cobardes, y cuando la mayor parte de la población ha levantado sus rastrillos y se dirige hacia la hoguera en la que arderá el enemigo, aquel que no esté vociferando en una trinchera será el primero en morir. Nos lo demuestra la política actual. Sirve para otros ámbitos de la vida.

La homofobia existe. La persecución a las personas que sienten atracción por otras de su mismo sexo es aún una realidad social en Europa e incluso una realidad institucional en otras regiones del mundo. Hay encarcelamientos, torturas, palizas o condenas a muerte. Grandes colectivos luchan para acabar con la discriminación, otros la justifican y algunos sienten indiferencia; pero siempre desde el conocimiento de lo que pasa.

Nadie niega tampoco que la homosexualidad misma exista. Los gais del mundo son señalados por aquello que son, por una condición que han aceptado y que su entorno, desde la aprobación o el rechazo, asume como cierta.

No ocurre lo mismo con los bisexuales. También son perseguidos, despedidos de sus empresas por mostrar en público un sentimiento y señalados por la presión social. Pero ellos sufren un segundo acoso, más sutil aunque no menos hiriente: la negación de su existencia.

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Proclamación Felipe VI

¿Queríamos la Tercera?

“España, mañana, será republicana”. Esto es lo que se grita desde hace años en manifestaciones de izquierdas. Parece que ese mañana tiene que esperar. Según una encuesta de eldiario.es la mayor parte de los españoles aún apuesta por la monarquía parlamentaria. Ese apoyo crece si el Jefe del Estado es Felipe de Borbón; así que el hecho sucesorio se ha consumado dando cumplimiento a la Constitución y poniendo fin a este capítulo. Intento fallido.

España tiene una tendencia tan agresiva a perpetuar e ideologizar sus debates que resulta imposible vaciarlos de tópicos, pero sobre todo de sentimientos. Para muchos ciudadanos, defender la república tiene más connotaciones que la capacidad de elegir al máximo representante de los españoles. El recuerdo al abuelo que no conoció o a la guerra en la que sí estuvo. No es un absurdo ni una obsesión: eso que parece tan lejano tiene testigos vivos. No hablamos de la prehistoria, sino de dos Españas que insisten en odiarse mientras la tercera vía, aquí y allá, es bombardeada con alegría. Por lo mismo, si uno se define como republicano, de manera automática pasa a ser de extrema izquierda, radical, violento, muy peligroso y antipatriota.

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