Elecciones Alemania 2013

Análisis de las pasadas elecciones alemanas (y lo que nos espera)

El pasado domingo 22 de septiembre tuvieron lugar las elecciones legislativas federales de Alemania, en las que se elegía al Budestag que, a su vez, habrá de elegir el próximo Gobierno del país. Tomando como base mis reflexiones previas sobre el tema, que pueden leerse aquí y aquí, a vuelapluma quiero hacer las siguientes, que contrastan con algunas opiniones muy difundidas por la prensa.

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Pleno Bundestag

Elecciones para Europa, o Die Ewige Wiederkunft des Gleichen

Las elecciones que marcarán el futuro de Europa ya están cerca. Al contrario de lo que posiblemente piensan buenos amigos míos, no creo que sean las elecciones al Parlamento Europeo del próximo verano. Las elecciones más relevantes para entender lo que se nos avecina son las que se celebrarán en apenas mes y medio para elegir al nuevo Bundestag; es decir, para elegir indirectamente al próximo (parece que a la próxima) canciller de Alemania.

El próximo día 22 de septiembre todo apunta a que una muy popular Angela Merkel podrá conseguir un tercer mandato como canciller, salvo catástrofe o metedura de pata grave de sus actuales socios, los liberales del FDP. La actual coalición depende, para que sea revalidada, de que los liberales, que obtuvieron un formidable 14,6% del voto en las elecciones legislativas de 2009 (su mejor resultado en mucho tiempo, pero que se ha visto sometido a una considerable fuga de votos y simpatía popular, y con cambio de líder de por medio), obtenga el mínimo del 5% de los votos necesario para poder entrar al reparto de escaños y, con ello, obtener representación.

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Elecciones Italia 2013. "El desastre está servido".

Italia, ¿Estado políticamente fallido?

Desde hoy se incorpora a Xaora José A. Gil Celedonio. Historiador, se ha formado también en política internacional, el tema principal que abordará en sus artículos.

Italia siempre ha sido la democracia diferente de Europa Occidental, al menos, sustancialmente diferente al resto de sistemas políticos parlamentarios que conformaban el núcleo de las Comunidades Europeas y los países que se fueron incorporando hasta 1995. Así, desde la restauración democrática operada por la Constitución de 1947, en las elecciones italianas se sucedía un fenómeno que, desde fuera, era mirado con anhelo y temor a partes iguales, según la ubicación ideológica del espectador: el partido mayoritario de la izquierda, con un gran apoyo electoral y serias posibilidades de llegar a ostentar responsabilidades de gobierno, no era un partido socialdemócrata más o menos clásico, más o menos izquierdoso o más o menos moderado. Era el Partido Comunista Italiano, muy respaldado por su oposición activa al fascismo. Desde las primeras elecciones legislativas de 1948 (en las que el PCI fue en coalición con el Partido Socialista, para luego separarse) hasta las elecciones de 1994, que vieron aparecer al fenómeno político que es Berlusconi, la competición partidista resultaba ser a tres bandas: un partido demócrata cristiano, que era muy apoyado internacionalmente (muchos, Estados Unidos incluido, consideraban que era el dique de contención para el comunismo en un Estado central en Europa en plena Guerra Fría), que solía ganar las elecciones pero casi nunca con mayoría suficiente para gobernar a solas; el PCI, mayoritario en la izquierda y en los años setenta y ochenta (tras su reconversión al eurocomunismo y su rechazo a la política dictada desde Moscú) muy cerca del ganador; y un Partido Socialista relativamente minoritario que solía pactar con la Democracia Cristiana. Este hecho diferencial distanciaba el sistema de partidos italiano de otros sistemas parlamentarios como el belga, el holandés, el alemán, el austriaco, del sistema presidencial francés, del sistema parlamentario mayoritario del Reino Unido y desde luego, de los sistemas de las nuevas democracias como Portugal, Grecia y España, en los cuales siempre había un partido socialdemócrata liderando el espectro electoral de la izquierda.

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Nicolás Maduro y el pajarito de Chávez

Unos cuantos problemas y unos cuantos gilipollas

La campaña electoral venezolana sigue su curso. En España, en un contexto político cada vez más crispado, se ha convertido casi en un asunto de primera magnitud, como si la continuación o no del chavismo fuese una suerte de bálsamo para una izquierda descontrolada o, en caso contrario, para una derecha desesperada. Especialmente para la primera. Algo así debe necesitar un sector político deshecho y dividido, con pocas responsabilidades de gobierno y obligado a ser alternativa a un Partido Popular absoluto y desbocado, sin conseguirlo. La situación recuerda a la de aquel Rajoy que en 2004 celebraba la segunda victoria de Bush para olvidar sus penas. Pero peor, claro.

Porque ahora todo es peor y porque sí, la izquierda española tiene diversos problemas. Aparte de haber seguido el ejemplo celebrando la gran noche de Hollande para quedarse después con un palmo de narices. Aparte. Uno, el principal, es que pretende solucionar los que la ciudadanía padece en el año 2013 recuperando el discurso y la retórica de mil novecientos noventa y algo. U ochenta o setenta. Como si esa sociedad siguiera ahí, esperando el regreso de los héroes perdidos. O como si, en efecto, así se fuera a solucionar algo. Aprovechando la ocasión, se le da al vacío de propuestas un cierto barniz épico de revuelta proletaria y se completa un cuadro dantesco en el que sólo se puede reflejar la desesperación, causa de la eterna y maldita nostalgia de la izquierda por sus propios mitos.

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Portada Muere Hugo Chávez

Muere Hugo Chávez

Muere Hugo Chávez

Una fotografía de Juan Barreto (AFP) en El País.

Hugo Chávez no era un dictador, pero tampoco era un demócrata. El concepto está claro, aunque algunos no entiendan la necesidad de este matiz, o incluso simplemente no lo entiendan.

Quienes sí lo hagan, pueden ahora juzgar su labor según sus valores y principios personales. Si, además, alguien consigue hacer un análisis aséptico y aislado, tanto del folclore propio de los movimientos políticos populistas como de los prejuicios propios de un extranjero que observa lo que está lejos, será un puto crack.

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