Consejos de año nuevo

Oh, venga. Sé que estáis haciendo repasos fantásticos, fabulosos, fantabulosos y fabutásticos del año como si el uno de enero vuestra vida fuese a cambiar para siempre.

Pues no va a cambiar. No de repente. Pero os voy a dar un par de consejos. Cortos, porque uno de los consejos podría ser que dar consejos es de mal gusto. La gente solo aprende cuando le atropella ese camión que todos vieron antes, mientras un hijo de puta comenta al lado que sí, que “ya te lo decía yo”.

El primer consejo es que la vida es mucho más feliz cuando no hay hijos de puta alrededor. No os voy a decir que cojáis una guillotina. Es evidente que necesitaréis por lo menos dos.

El segundo consejo es que la violencia es mala, detestable y contraria a todo principio de civilización. Pero obviad esto por prescripción médica.

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El vicio de las etiquetas del vicio

Hay una época vital de descubrimiento sexual. Es esa en la que todo adolescente nota que algo cambia en su cuerpo y también a su alrededor. Los niños ya no tiran piedras a las niñas, se acercan a ellas. Las niñas empiezan a atender a las costumbres tribales de chavales que aporrean balones y celebran goles sin escatimar en roces. Roces que a veces acaban en drama: “¿me ha gustado?” Aparece entonces la gran pregunta: “¿seré maricón?”

No hay otra. No hay una opción intermedia. Nuestra sociedad exige izquierda o derecha, independentismo o unionismo. Las terceras vías son para cobardes, y cuando la mayor parte de la población ha levantado sus rastrillos y se dirige hacia la hoguera en la que arderá el enemigo, aquel que no esté vociferando en una trinchera será el primero en morir. Nos lo demuestra la política actual. Sirve para otros ámbitos de la vida.

La homofobia existe. La persecución a las personas que sienten atracción por otras de su mismo sexo es aún una realidad social en Europa e incluso una realidad institucional en otras regiones del mundo. Hay encarcelamientos, torturas, palizas o condenas a muerte. Grandes colectivos luchan para acabar con la discriminación, otros la justifican y algunos sienten indiferencia; pero siempre desde el conocimiento de lo que pasa.

Nadie niega tampoco que la homosexualidad misma exista. Los gais del mundo son señalados por aquello que son, por una condición que han aceptado y que su entorno, desde la aprobación o el rechazo, asume como cierta.

No ocurre lo mismo con los bisexuales. También son perseguidos, despedidos de sus empresas por mostrar en público un sentimiento y señalados por la presión social. Pero ellos sufren un segundo acoso, más sutil aunque no menos hiriente: la negación de su existencia.

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¿Qué (y quién) nos dará de comer?

Marca España

Ferran Adrià transformó su restaurante en escuela, Sergi Arola salta a la prensa por deudas con Hacienda y ahora los herederos de Santi Santamaría anuncian que cierra Can Fabes, en Sant Celoni, porque no es económicamente viable.

Un país con una cultura gastronómica como la nuestra y su potencialidad turística necesita referentes, investigación y vanguardia, gente que lo ponga en el mapa. Sin embargo, por un lado se ha creado una burbuja elitista, paralela a la otra burbuja nacional, y entre tanto la mayoría de restaurantes y hoteles siguen siendo como eran: cutres, sin formación, sin proyecto y sin profesionalidad.

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2 de mayo: patria, política, libertad

Hoy es 2 de mayo, un día de efemérides complicadas multihipánicas, de esas que encienden el corazón e incendian las neuronas de cualquier español de bien o mal.

Por un lado, es el día de la Comunidad de Madrid; esa que fue creada al calor de la Constitución de 1978 y que tiene el himno más sórdido de todos los civiles que jamás fueron redactados y compuestos.

El fusilamiento del 3 de mayo, Francisco de Goya
El fusilamiento del 3 de mayo, Francisco de Goya y Lucientes.

Para muchos, la región del centro es tema de conversación habitual por un sospechoso centralismo y una más sospechosa prepotencia. Teniendo en cuenta que hace unas pocas décadas la provincia no pasaba del millón y medio de habitantes y ahora anda ya rozando los seis y medio (y que los madrileños no se reproducen por esporas), que las caravanas en las carreteras cuando llegan los puentes y fiestas de guardar son de salida y no al revés, que el hombre que compuso esa letra que habla de “el Ente Autónomo último, el puro y sincero” nació en Zamora, y que la firmó un presidente nacido en Cantabria, tampoco es necesario dar más alas al debate sobre el estúpido tópico. Es un problema que tanta gente no se haya dado cuenta de que el centralismo es un asunto ideológico y no geográfico o social. Disfrazarlo como un conflicto entre pueblos y territorios cuando en realidad es otra cosa resulta poco edificante. Eso, y que a algunos les viene bien un enemigo material llamado Madrid sobre el que volcar obsesiones que en realidad tienen otro nombre, que empieza por E. De España. Enemigo que para otros es amigo, que sirve para volcar obsesiones en sentido contrario. Esos típicos juegos políticos creados por dirigentes que quieren cuidar su sillón y que curiosamente los ciudadanos acaban abrazando entusiasmados. Hablaremos ahora de ello.

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En defensa del periodismo de opinión

Una persona con una clara carga ideológica, ¿puede ser un periodista objetivo? Un señor o una señora que se reclamen de derechas o de izquierdas y que acepten sin remilgos tal catalogación, que estén dispuestos a defender, incluso con vehemencia, su catálogo de ideas y valores ¿pueden ser buenos periodistas? ¿O es que acaso solo se puede ser buen profesional si se renuncia a pensar, a creer en unos u otros modelos de sociedad? ¿Hay que tener una cabeza sin contenido, un cerebro sin circunvoluciones, un libro sin letras para ejercer el buen periodismo? Es más: ¿puede ser buen periodista quien carece de ideas, quien desprecia los pesos y medidas de la justicia, de la equidad, de la convivencia?

Así comenzaba el obituario en el que el periodista José María Izquierdo rendía homenaje a su compañero Carlos Mendo, tras su fallecimiento en agosto de 2010. Izquierdo es famoso por sus críticas a los que llama “apocalípticos de la derecha”, ese grupo mediático ahora conocido popularmente como “la caverna”. Él es muy de izquierdas. Mendo quedó en el recuerdo por su admiración a Margaret Thatcher y Ronald Reagan. Se reconoció muy de derechas. Ambos se han caracterizado siempre por estar orgullosos de su diferente opción política y por defenderla activamente. ¿Se puede, desde el periodismo?

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