El acomplejado y la excusa

Cuando alguien defiende los derechos de las mujeres, de los refugiados o de las personas sin casa nadie le pregunta sobre su sexo, su nacionalidad o su situación económica. En cambio, muchos hombres siguen teniendo miedo a que defender la diversidad sexual y afectiva ponga en cuestión su virilidad, su condición de macho de la tribu. Un prototipo de hombre que responde a una construcción ya agotada por la evolución y que provoca mucha pena y ningún respeto.

¿Qué es ser un hombre? Si se consideran algo más complejo que simples primates deberían preguntarse qué es ser un hombre justo y decente.

Cientos de acomplejados, en unos días, volverán a hacerse otra pregunta que creen tener respondida: para qué necesitan bisexuales, homosexuales o transexuales reivindicar su identidad. Con orgullo, encima. Sin esconderse. Señalarán a esos deportistas que anuncian que comparten su vida con otros hombres porque con quién te acuestas no es un asunto público; y lo harán mientras anuncian su boda, besan a su novia en un restaurante y comentan las últimas novedades sobre la vida de la Pedroche.

Balbucearán que no existe un día del orgullo heterosexual y luego se rascarán el cogote.

La respuesta está en las burlas nada inocentes de los patios de los colegios, en la discriminación laboral, en los insultos, en las palizas por la calle y, desde ayer, en cincuenta personas masacradas a tiros con la ayuda de la legislación sobre armas de esa presunta fortaleza moral del mundo libre que se va cayendo a pedazos.

Los mismos acomplejados han respirado aliviados al saber que el asesino podría ser musulmán y tener motivaciones religiosas. Como si el origen de su propio odio fuera diferente o fruto de una estructura ajena. Como si el camino a recorrer por el homófobo cotidiano de Occidente y un enfermo que la emprende a tiros motivado por una secta cualquiera fuese tan grande.

Dicen entonces, encontrada la excusa discursiva, que el problema es que abrimos la puerta a los integristas árabes con lo bien que nos va con los de aquí, que escupen pero no matan.

Es al revés: estamos cerrando la puerta a Jalid y a Firas, que vienen a ser libres con nosotros porque en este consenso social ya no estamos unidos por la religión sino por los derechos. Unos derechos que estamos construyendo sin los integristas de aquí para salvarnos, claro, de los de todas partes.