Votar a los 16

No parece haber ningún argumento para fijar la edad de voto en los 14, los 16, los 18 o los 21 años aparte de la necesaria coherencia entre el ejercicio de derechos y deberes de los ciudadanos. Es decir: el debate no está en la edad a la que se empieza a asumir cada uno sino en la armonía entre todos ellos.

En España se es libre para tener relaciones sexuales o trabajar a partir de los 16 años. Para votar hay que esperar a los 18.

Hay quien dice que a los 16 años no se tiene la formación ni la información necesaria para votar con criterio y libertad. ¿Cómo se determina objetivamente cuándo sí? ¿Debería privarse del derecho de voto a los adultos que no acrediten una determinada formación? ¿Cuál? ¿Qué es un adulto? ¿Qué es un adulto formado?

Visto el clasismo con el que se habla de ciertas masas de votantes, es probable que para los defensores de este tipo de ideas los votantes sin criterio coincidan con los que no votan como ellos querrían. Ah, sí: viva el sufragio censitario.

La “madurez” no es un concepto objetivo, pero el Estado determina que la educación obligatoria acaba a los 16 años. ¿Cómo se puede considerar maduro a un ciudadano para decidir su futuro profesional, formar matrimonio o empezar a pagar impuestos, pero inmaduro para elegir a quienes deciden qué se hace con el presupuesto público, cuál es la legislación laboral o quién puede casarse? Esa discrepancia genera una injusticia.

La barrera de edad es orientativa pero debería ser siempre la misma, hablemos de derecho de voto, de decisiones sobre la salud o, claro, malditos demagogos, de responsabilidades penales.

Armonía entre derechos y deberes.

Cuando la gran Clara Campoamor defendía en el parlamento republicano el voto femenino hubo quienes decidieron su postura por principios, pero también quienes pensaban en la estrategia política a corto plazo: un sector de la izquierda advertía de que las mujeres de la época, más conservadoras e influidas por la Iglesia, darían la victoria a la derecha. Así ocurrió.

La actual propuesta de ERC tampoco es inocente, como ocurre con el posicionamiento adoptado por cada partido. La izquierda está a favor de rebajar la edad para votar y la derecha en contra porque todos ellos saben leer encuestas y estudios electorales.

El ciudadano medio debería pensar, como Clara Campoamor, en el bien común y en el largo plazo. Y visto así, que más ciudadanos puedan participar activamente de la vida pública y se sientan afectados e implicados por ella es una buena idea.