El multipartidismo es divertido

Mucha gente se ha pasado años pidiendo el fin del bipartidismo y ahora, cuando llega, no sabe comportarse de acuerdo a ese escenario. Quizá porque en realidad estaba pidiendo otra cosa.

El multipartidismo consiste en negociar y en ceder. Lo contrario a las victorias y a las imposiciones.

Es normal que un acuerdo de la CUP invistiendo a un presidente de CDC le chirríe a cualquier catalán que no simpatice con este partido. Hay falta de costumbre.

En realidad, lo extraño no es que un partido anticapitalista pacte con uno liberal y de derechas; que quizá también. Lo extraño es el contenido del pacto y que teniéndolo todo a favor haya sido tan mal negociador.

Es una lección. Cuando quienes tiran de una cuerda son los primeros interesados en que no se rompa (y el independentismo lo que menos necesitaba eran nuevas elecciones) el final del juego suele ser una mofa de la que nadie sale contento.

Las cabezas israelíes y palestinas valen lo mismo. En un sistema parlamentario a menudo valen más las de grupos minoritarios.

Que no haya que repetir las elecciones en Cataluña es una buena noticia. Los ciudadanos votan para que los políticos gestionen el resultado, así que la incapacidad de hacerlo sería un fracaso de la política.

Otra cosa es malinterpretar ese resultado. Junts pel Sí y la CUP tienen toda la legitimidad democrática para elegir un gobierno dentro del sistema que a su vez les ha elegido a ellos. Cambiar unilateralmente ese sistema requeriría una mayoría de votos que se ha quedado en la oposición.

Los diputados independentistas lo saben. Antonio Baños o Francesc Homs han llegado a decirlo en público. Pero la vida sigue. Resuelta la elección del Ejecutivo toca volver a tensar la otra cuerda. El final será parecido.

La segunda parte de esta liga se juega en el Congreso español. Artur Mas, mientras anuncia la desconexión con España, ya ha comentado que está muy interesado en influir en quién la gobernará. Paradojas divertidas.

Tertulianos, adversarios y ciudadanos en general opinan que el PSOE está en el peor momento de su historia y que pase lo que pase todo le saldrá mal. El PSOE se esfuerza en que parezca así.

Interpretar que la situación de Cataluña refuerza al PP, el partido que más ha agitado la división social por motivos partidistas desde 2006, y al presidente que lleva cuatro años sentado fumándose un puro a la salud de las instituciones, es una salida argumental bastante creativa. Pedro Sánchez tiene más elementos de legitimidad a favor hoy que ayer.

Los que quieren un pacto de izquierdas y saben que en este contexto repetir las elecciones sería una buena noticia para el PP deberían preguntarle a Artur Mas y a Anna Gabriel por qué la sobreactuación no es buena idea y nadie sale ganando con ella. Ya se ha visto qué pasa con las líneas rojas revolucionarias y con las prepotencias de partido histórico.

Las caras visibles de Podemos son comunistas. Radicales. Antisistema. Lo que sea. Claro que lo son. Hace años que tienen participación política, publicaciones y hasta un programa de televisión. Han defendido posiciones que se escapan de algunos consensos tradicionales en temas como los presos de ETA o la política internacional y no parecen arrepentidos. Bien que hacen: hubo gente que les pidió presentarse a las elecciones y ya lo han hecho.

El problema es que usar la presunta radicalidad o los orígenes como ataque queda algo débil y hasta un poco anacrónico. La memoria también lo es o a veces directamente no existe, si esa memoria es joven. En la transición los radicales eran los chicos jóvenes del PSOE y no los viejos herederos de la guerra y las esencias. Al final, los chicos jóvenes hicieron un viaje ideológico, tomaron experiencia y acabaron teniendo razón en muchas cosas. Tanta, que gobernaron y dejaron el país que no lo conocía ni la madre que lo parió.

No es una comparación, es una provocación.

Es normal que el PSOE tenga miedo por el auge de Podemos. No debería tenerlo por la propaganda. Los voceros de la verdad dicen que Podemos quiere romper España, es amiga de los terroristas y tiene el apoyo de dictaduras extranjeras; además de participar en varias conspiraciones de gente muy mala.

Es exactamente lo mismo que decían del PSOE antes de que existiese Podemos.

Hace unos días Federico Jiménez Losantos, que no necesita presentación, dijo que la única salida es un gobierno de PP, PSOE y Ciudadanos porque son quienes defienden el orden constitucional y la unidad de España. El mismo tipo que cree que Zapatero mató a 192 personas en Atocha para llegar al poder y que lo hizo aliado con ETA, Venezuela y Cataluña para además ayudarles a romper el Estado.

Relax. Se pedía multipartidismo y el multipartidismo es divertido. La mejor manera de encararlo es no tener complejos y saber cuál es la fuerza de cada uno. Un rival débil puede ser muy poderoso si sabe sentarse a una mesa y levantarse de allí habiendo mejorado su país sin suicidar su alma.

Vaya, lo contrario a lo que la CUP nos ha enseñado.