La nación de un solo hombre

Los independentistas tendrían que estar indignados con Artur Mas y el conjunto de Junts pel Sí. La CUP, un partido que asumió un compromiso de campaña y lo mantuvo hasta el final, es si acaso culpable de haber puesto en riesgo su propia estructura preguntando a sus bases por algo que ya estaba consensuado.

Los que han ligado sus anhelos políticos y de Estado a un solo hombre deben de sentirse muy débiles, o débiles sienten esos anhelos. En su momento sorprendió que ERC aceptara una candidatura salvavidas de Mas que encima ni siquiera ha servido para eso. Y ahora qué, ¿volverán a poner el interés del hombre mayúsculo venido a menos y de un partido moribundo y ya sin siglas por encima del país?

“El procés” seguirá adelante, es evidente. Todos los años desde 2012 iban a ser el de la libertad y 2016 no se quedará atrás. Pero mirad bien qué ha cambiado en Catalunya desde entonces.

Cada adversario caído (lo que algunos, siempre tan integradores y demócratas pero por fortuna minoritarios, llaman traidores) se convertía en un motivo de fiesta. El PSC primero, el mal resultado de Podemos después o la desaparición de Unió. No levantan el hocico para ver otras lecturas de los mismos hechos: que hoy el primer partido de la oposición en Catalunya es por primera vez en democracia uno de tradición no catalanista, que se han roto los consensos más tradicionales del país que ni el PP discutía hace años, que al enterrar ciertas banderas se ha enterrado también parte de la historia, la fuerza y el crédito social y exterior de Catalunya o que con los votos de UDC que quedaron fuera del Parlament Mas sería President investido hace semanas.

Lo otro, lo de votar y marcharse, o marcharse sin votar, está en cambio igual de cerca que en 2012. Y la sociedad tiene los mismos problemas que hace años pero agravados por la inacción y la parálisis de un sistema político que se desmorona sin final conocido.

“Un sol poble”, gritaban. Nunca menos que ahora.

Los argumentos de los partidos unionistas para seguir en España dan ganas de marcharse. Falta que otros vean que sus argumentos y formas para hacerlo dan ganas de llorar.

Catalunya no merecía esto. El pueblo catalán no merecía esto. La historia no merecía esto.