Nuestra foto

¿Había que publicar la foto? Es un debate que aparece periódicamente en los medios de comunicación, ahora en las redes sociales. Algunos creen que los límites son las vísceras, la sangre. Lo agradable que sea la imagen. Yo creo que el límite es la causa. Una foto por un accidente, catástrofe natural o incluso atentado político en un país de nuestro entorno no aporta nada. La escena de un niño muriendo en la puerta de nuestra casa tras huir de una guerra, sí.

Es curioso que los argumentos principales en estos casos suelan ser lo mucho o no que nos molesta. A nosotros. Que no está mal publicarla si se avisa. ¿De qué? Si yo estuviera en el consejo de redacción de un periódico o una tele te diría que la comodidad que supone la mezcla de tu sofá y tu tranquila ignorancia no me importa y que el periodismo imparcial tampoco porque nunca ha existido. El periodismo se inventó para contar lo que hay pero también para remover conciencias, algo que con suerte hace una vez al año.

En este caso hay dos opciones que van más allá de publicar o no una fotografía. Empujar para que la masa social exija a sus gobiernos que cerremos las fronteras protegiéndonos de una amenaza tan horrible como gente a la que no le queda nada y aplauda a las Le Pen de turno, o empujar para que la masa social exija a sus gobiernos empatía, humanidad y recursos para comportarnos como si no mereciéramos todos ser volados de un pepinazo para acabar con la tortura de nuestra hipócrita existencia.

Son opciones a elegir, sí. Una toma de partido. Un mojarse en el barro nuestros piececitos blancos y occidentales.

El niño de la playa
Fotografía de Nilufer Demir.

Yo quiero ser europeo de aquellos que decían que ahora, tras siglos ideando cómo hacer el mal, éramos referencia de grandes valores. En realidad nunca los hemos puesto en práctica. No por los nazis, no: eso de los Balcanes fue en los años 90, con todos nosotros vivos, y no a las puertas de nuestra casa sino en la habitación de la abuela.

Por suerte o por desgracia todo lo anterior es un debate superado y desfasado porque ya no son los medios ni criterio profesional alguno quienes deciden qué vas a ver. Aquí estamos todos, comentando la vida mientras pasa a nuestro alrededor. Pero cito a Pablo Rodríguez Suanzes: “La foto es amarillismo y no sirve para nada de nada. Por eso llevamos 12 horas hablando de Siria, refugiados y donativos como cada miércoles”.

Pues eso. La foto dice más de nosotros mismos que del niño y su guerra perdida.