La pluralidad independentista de TV3

Existen elementos para afirmar que TV3 es la mejor televisión pública del Estado, también por su calidad informativa. Pero del mismo modo, analizando el marco comunicativo catalán junto al de otras Comunidades, es fácil observar que los propios espectadores de TV3 y del resto de medios propios de Cataluña no son conscientes desde dentro de las particularidades del suyo. Quizá por eso, lo que son acciones de parte allí no se perciben como tal.

Sí han visto algo sus órganos de control. El Consell de l’Audiovisual de Catalunya ha emitido un comunicado con una evidencia.

“Malgrat que s’observen opinions divergents pel que fa al desenvolupament del procés sobiranista, totes les veus presents en el programa es mostren coincidents en la necessitat de la seva execució, sense que s’identifiqui cap participant en el debat que manifesti una opinió discordant amb el procés sobiranista, ni en el seu plantejament ni en la seva execució”.

El debate referido (del programa .CAT) no es el único de TV3 o Catalunya Ràdio del que se puede extraer esta conclusión: debates en los que la diferencia es de matiz ideológico o procedimental, pero no sobre el fondo. Hay acuerdo en que la independencia es una buena idea o en el derecho a la autodeterminación entre gente que discrepa sobre cómo llevarlo a cabo. En cambio, esta no es una opinión unánime en la sociedad de la que TV3 es televisión pública.

Aún así, hay que tener aún más cuidado con las cadenas falsamente plurales. La opinión, en realidad, no se construye en los debates sino en los programas informativos, y los debates con una amplia representación de ideas pueden ser un elemento anexo estupendo para manipular.

En las cadenas vinculadas a la derecha o la extrema derecha española normalmente llevan a gente que compite por ver quién es el más radical de los presentes. En 13TV hay debates muy airados entre tertulianos que, en realidad, quieren llegar al mismo sitio y llegan, llegan con alegría. Pero es un sistema bastante honesto: el espectador sabe qué mierda ha ido a comprar y consumir y se expone a ella por gusto. Es lo que quiere escuchar y un medio estrictamente privado se lo ofrece.

La Sexta, por su parte, es otra cadena privada, en este caso con voluntad mayoritaria pero con una línea editorial objetivamente de izquierdas, fácilmente identificable con varios partidos del arco parlamentario español. En cambio, debates como La Sexta Noche tienen representantes mediáticos y políticos de procedencias diversas. ¿Convierte eso a La Sexta en plural? Probablemente no. Primero, porque nadie puede negar la primera afirmación: “es una cadena objetivamente de izquierdas”. ¿En qué se nota? En la joya de la corona, que es la conducción editorial que nos lleva hasta el debate, los reportajes, las noticias, qué tema se elige y cuál no, cuánto tiempo se le da a cada voz y de qué contexto comunicativo se la rodea, a qué expertos se consulta y a cuáles se deja de lado. Ojito ahí, también, con TV3. Pero, en segundo lugar, porque ese tipo de debates contienen una trampa.

Hace poco discutí sobre el caso catalán con un par de amigos y llamamos a este método “Llevar un Marhuenda”, en referencia a esa tertulia de La Sexta. Como decía, la opinión se crea en los informativos, en el contenido de las noticias, en cómo se ofrecen y qué perspectiva muestran. Pero, ¿y los debates? Llevar a una mayoría de tertulianos de tu cuerda y a otro de la postura contraria que normalmente será de mucho menos nivel para que el resto le abofetee no es exactamente una muestra de pluralidad, sino que más bien persigue exaltar aún más la línea de opinión de la cadena. Ese es el efecto que consigue La Sexta con Marhuenda (lo pretenda o no): que los espectadores confirmen que el PP es tonto y rancio a través de su persona. E incluso cuando los tertulianos están equilibrados en número, el reparto de tiempos y la introducción de los temas no resiste el análisis.

Volvamos al principio: TV3 sigue siendo la mejor televisión pública del Estado (aunque tampoco es que en esto tenga una competencia feroz). Pero hay que tener cuidado. Cuando una cadena de televisión empieza a confirmar demasiado a menudo nuestros prejuicios ideológicos y a conformar de manera cómoda nuestras opiniones, debemos sospechar. Sería una pena que TV3 acabara convertida en una 13TV, con gente discutiendo sobre quién es más independentista de todos, o en una cadena de relativa pluralidad como La Sexta. TV3 es y ha de ser una televisión pública, sin más. Y ello implica una serie de cosas que, en una sociedad tan rica, plural y diversa como la catalana supone un reto de aún más nivel. Profesionales para llevarlo a cabo sobran; entre otras, por cierto, la presentadora del programa aludido por el Consell. Falta saber si sobran también actitud y libertad para hacerlo. Ya veremos.