TVG: la importancia de llegar a todos los públicos

Hay dos televisiones autonómicas, TV3 y la TVG, que desde el inicio han tenido buenas audiencias y se han mantenido líderes con diferentes gobiernos. Hay más Comunidades con lengua propia y cultura marcada donde esto no ha pasado.

Sobre Galicia pesan muchos tópicos, algo que se nota cada vez que algún político bocachancla del resto del Estado abre la boca. Unos son genéricos; otros particulares de la gente de izquierda que se pregunta por qué aquí gana tanto el Partido Popular y asume que eso significa determinadas cosas. Incluso obviando las últimas municipales, donde el PP sufrió una fuerte caída, resulta que hasta esto es otro tópico. Siempre se puede hilar más fino. Se debe. En caso de optar por otras vías de respuesta y usar argumentos equivalentes, podríamos hablar sobre los resultados electorales de tantos años en esas grandes ciudades de vanguardia europea que son Madrid y Valencia o sobre la superioridad moral de otros a los que es mejor ni mencionar porque siempre se ofenden. Y sobre sus teles autonómicas.

Pero lo importante no es qué es Galicia sino qué ha sido. Este pequeño país ya era grande pero ha cambiado mucho. La TVG está presente, parece que como espejo pero quizá sobre todo como artífice.

La Televisión de Galicia no se escapa de ciertos males. Hay influencia en los informativos, aunque no sea zafia como en otras cadenas. Hay noticias silenciadas e intervención política, como en TV3 o TVE. Y es además una televisión muy destinada al público rural, que es al fin y al cabo el que (aún) decide quién gobierna la Xunta gracias a la genialidad electoral. Sin embargo, esa vena ‘labrega’ de la TVG tiene una gran importancia, a menudo despreciada por quienes se dejan llevar por supremacismos culturales y complejos de inferioridad, tanto dentro como fuera de esta tierra.

Desde hace veinte siglos se emite Luar; programa presentado por Xosé Ramón Gayoso, un tipo que nació hace varias glaciaciones. Para foráneos, sería algo así como el ‘Noche de fiesta’ gallego con el Ramón García gallego. Con un matiz: este programa, que cuenta con el incondicional apoyo de la audiencia, no tiene ‘gags’ machistas, mujeres en bikini y musculitos en bañador. Está pensado para que abuelos de toda Galicia pasen tranquilos la noche mientras los jóvenes nos ponemos hasta el culo de coca (otro tópico que tardaba).

Es casposo. Mucho. Por aquí aparece lo más granado del decadente colorín español. Estamos hablando del programa que anunció la muerte del Fary (antes de tiempo) como si hablase de un hijo. Mientras escribo esto suenan de fondo Los Chunguitos.

En cambio, algún contraste me ha llevado a estudiar mejor el tópico. Si mucha gente habla de Galicia de oídas o por la superficie, quizá hasta Luar tenga más profundidad.

En efecto. Porque las intervenciones reclamo de Los Chunguitos al final del programa no sumarán más de 7 minutos tras más de tres horas de emisión. El grueso es un chorreo de cultura popular (o sea, más folclore pero autóctono). En otras ediciones del mismo programa se añade la promoción de la tradición musical de Galicia a través de concursos infantiles donde los niños no aparecen cosificados, algo que sí pasa en otros canales que tampoco es necesario mencionar.

No es un gran mérito, ya se presupone y además es obligado. Primero porque estamos muertos si creemos que la cultura popular es cosa de abuelos. Segundo, si creemos que nuestros abuelos no tienen derecho a su propia diversión.

Pero hay formas y formas. Esto José Luis Moreno lo sabe. Y entre folclore propio (mucho) y folclore ajeno (un poco), la TVG ha colado a los mismos abuelos a representantes de las grandes religiones del mundo, que han explicado en directo sus costumbres, tradiciones y creencias con total normalidad. Un musulmán, una judía y un hindú. También se han promocionado las fiestas de Galicia y ha habido humor tan costumbrista como ácido con la propia sociedad gallega.

Como broche, entre canciones, chistes y comentarios han calzado a un grupo de travestis de ‘Que trabaje Rita’ comandadas por Kika Lorace a hacer sus numeritos.

Todo esto a un progre urbanita le parecerá ridículo y nada transgresor, pero el target de la TVG un viernes por la noche son señores de entre los 70 y la muerte que perdían la cabeza con Ana Kiro y Rocío Jurado y lo más cerca que han visto Chueca es un burro intentando montar a otro. Ni hablar de árabes y judíos.

Claro que es importante. Como lo es que Galicia tenga una impresionante capacidad de producción cultural, audiovisual y cinematográfica gracias a un apoyo de la CRTVG que hoy por hoy Madrid no sueña.

Cada televisión pública ha de adaptarse a su realidad, pero con un objetivo. La parrilla de la TVG ha evolucionado y es muy decente. Los viernes por la noche, en cambio, siguen siendo para esa Galicia profunda que aún existe y tiene derecho a su tele. Alguien ha entendido que no se trata de expulsarles de su propio medio de referencia sino de llevarles allí los contenidos transversales que de otra manera no penetrarían. Así se construye una sociedad.

Un ejemplo. Y sí, gobierna el PP. Porque el problema que tenemos con Telemadrid y tuvimos con Canal 9 no era quién la dirigía sino la enorme mierda inútil en la que las han convertido hasta hoy. Veremos qué pasa ahora, pero este (pensando en sus propias realidades socioculturales) es el camino: una televisión que informe y entretenga a su audiencia, pueda ser mayoritaria y a la vez útil al bien común y al progreso de toda la sociedad.