Consejos de año nuevo

Oh, venga. Sé que estáis haciendo repasos fantásticos, fabulosos, fantabulosos y fabutásticos del año como si el uno de enero vuestra vida fuese a cambiar para siempre.

Pues no va a cambiar. No de repente. Pero os voy a dar un par de consejos. Cortos, porque uno de los consejos podría ser que dar consejos es de mal gusto. La gente solo aprende cuando le atropella ese camión que todos vieron antes, mientras un hijo de puta comenta al lado que sí, que “ya te lo decía yo”.

El primer consejo es que la vida es mucho más feliz cuando no hay hijos de puta alrededor. No os voy a decir que cojáis una guillotina. Es evidente que necesitaréis por lo menos dos.

El segundo consejo es que la violencia es mala, detestable y contraria a todo principio de civilización. Pero obviad esto por prescripción médica.

Nunca lo hagáis solitos. Es bueno estar bien rodeado.

Quemad todos los libros de autoayuda del mundo. Mirad mal a esa gente que solo habla y no dice nada. A mí ahora mismo, por ejemplo. Miradme mal.

A menos que creáis que estoy diciendo algo. Lo estoy haciendo.

El tercero es que no hagáis nunca caso a la gente que os dice qué tenéis que leer, qué música escuchar, qué películas ver y cuáles no; qué es lo guay, lo trendy, lo chachi, lo correcto. Dejaos llevar. Fluid. Mandad a la mierda a las élites y a los elitistas con pretensión de élite. Pero procurad aprender de quienes saben más que vosotros. Eso sí: cuando quieran que aprendáis de ellos y viceversa, y no que os sometáis a su presunta sabiduría.

Las formas son importantes. La inteligencia siempre es humilde, empática y simpática; y procura no dejarse a nadie por el camino.

Huid de los acomplejados que buscan torturar a toda la raza humana para sentirse bien consigo mismos.

No, tampoco hace falta un puto título para ser ministro o presidente.

En serio.

Lo volveremos a discutir el año que viene. Por desgracia, también el siguiente, porque la igualdad social efectiva aún no habrá sido posible. Por eso, y porque la política seguirá siendo lo que es, e intentar inventar la rueda en 2015 solo acabará o en estafa o en un acto de soberbia insoportable.

No, no estoy hablando de lo que parece que estoy hablando. Se pueden realizar reflexiones generales sin caer en la más rabiosa actualidad. La más rabiosa actualidad se entiende mejor cuando sabemos quiénes somos.

Desconfiad de quienes no saben quién son. Y mucho más de quienes sí lo saben pero dicen que pero. Ya tú sabes.

Cambiad el mundo.

La medicina está llena de magufismo y capullos vendehumos. Pero al resto de ámbitos del conocimiento y de la vida, como la política, que es la vida misma, también hay que venir leído. Esto no entra en contradicción con todo lo anterior. Pensadlo.

Empezad por leer historia. Dejaréis de hacer y pensar cosas que habéis asumido con normalidad y haréis otras diferentes. Veréis los matices y matizaréis los discursos.

Usad poco el imperativo. Si lo hacéis, escribidlo bien. Dejad las sentencias para los jueces y las frases absolutas para los charlatanes de televisión. Valéis más.

Ah, no: no sois apolíticos. En 2015 tampoco lo seréis aunque os empeñéis. Como mucho gilipollas, pero apolíticos no. Seguiréis pagando el piso y la comida, seguiréis queriendo recibir prestaciones sociales y que los hospitales funcionen. Y habrá instituciones, procesos y movimientos que influirán en todo eso. Si no os importa vuestra vida procurad no decirlo en público. Resultaréis un pelín ridículos. Gilipollas, vaya.

Hay que respetar cualquier estilo, opción o condición de vida o de desarrollo de la misma. También la vida gilipollas. No es importante cuál es la definición de veganismo, de bisexualidad o de hipster. Lo importante es que dejéis a la gente vivir tranquila.

Lo que también es importante es no empeñarse en hacer verduras con forma de filete. Ni llamarlas filete. La diferencia es bonita, la imitación al poderoso no es integración.

No existe la cultura con apellido.

Solo cuando se trata de la ley, en la igualdad también está la diferencia. Lo llaman matrimonio y sí lo es. Lo llaman aconfesionalidad y bueno, resulta que no.

Otro consejo es que tampoco en el futuro deberéis fiaros cuando os diga que escribiré cortito. Esto ya lo intuíais, solo os lo confirmo. Un par siempre es mil.

Sólo, ¿con o sin tilde? El café, ¿solo o cafelito?

Cuidad a vuestras mamás y papás. A vuestros hijos. Encontrad a la madre de mi hijo, a ver si deja de esconderse ya. Marc no puede esperar eternamente.

Cuidad a los buenos amigos. No les reprochéis sus fallitos. Esperadles sin más. Esto es muy de libro de autoayuda, ya. Pero incluso para esa gente repelente que quiere estar por encima del bien y del mal los afectos son importantes. También se enamoran, se vuelven locos y necesitan con quién irse a tomar tapas los domingos por Malasaña. Follan y todo eso. O no lo hacen, y de ahí tanto sufrimiento. Pegadles una patada en los huevos, a ver si así dejan de ir tan estirados por la vida.

Dejad de contar la vuestra por Facebook y Twitter. Lo leen los buenos pero también los malos. Y los malos son muchos.

Aunque es peor cuando no saben, sino que directamente interpretan e inventan.

No podréis luchar contra eso a menos que paséis de nuevo al punto de la guillotina.

Donad sangre, salvad vidas.

Inteligencia también es preguntar mucho, todo y todo el tiempo. Los niños aprenden más rápido que los adultos justo por eso.

No lo llaméis selfie, llamadlo autofoto. Sois guapísimos. Siempre. Felicidad es belleza y la belleza es objetivamente subjetiva. Por eso siempre seréis más feos que yo. Aunque por desgracia más fotogénicos. Os odio.

No piséis lo fregao. El respeto es elegante y sexy. Como las fotos en blanco y negro y leer revistas minoritarias.

Poco más. Solo queda un detalle para acabar mi discurso de fin de año, de año nuevo por extensión: los buenos, en todas las historias, son siempre los que las cuentan. Por eso yo procuro contar historias en las que no haya malos. Y por eso paso tanto tiempo callado. Porque ay, el día que hable. Llamadme buena persona. No sé si lo soy, pero MIRA UN GATETE.

Sé que me ha faltado algo. Un plano de mi sofá, quizá. Una pantalla gigante y cara al fondo, como en los mejores platós. Cristina Pardo agitando una pandereta. Mònica Terribas gritando “Bon dia, Catalunya”. Alguna diva así. Pero tengo barba, como el rey de las Españas, y hablo tres lenguas oficiales, que es una más que él. Por eso voy a desearos un feliz año en la única que no conozco: zorionak eta urte berri on!

Un último imperativo. Recordad al maestro: si conseguimos que una sola generación crezca libre…

Bueno, otro: acabad la frase. Salud y República, compañeros.