El peligro de ser demasiado periodista

Un nuevo medio está gestándose bajo el nombre de Infolibre. No será un proyecto de principiantes: a él se sumarán firmas conocidas por el gran público como Juan Luis Cano, Fernando Berlín, Juan Ramón Lucas, Toni Garrido, Ramón Lobo o Jesús Maraña.

Lo traigo a colación no por razones publicitarias, puesto que ni siquiera conozco la base sobre la que se asentará la futura publicación, sino para situar en su página de presentación un relato de Begoña P. Ramírez:

-A ése no. Es demasiado periodista.

No hace tanto el director de un periódico de provincias rechazó contratar a un redactor, uno de los mejores del lugar, con lo que él consideraba una descalificación y a mí, por el contrario, se me antojó el mayor elogio profesional al que yo querría aspirar. Ahora, mientras se anuncia el fin del periodismo tal como lo conocemos, esos periodistas en exceso me parecen, además, imprescindibles.

Hoy he recordado esta historia, que me llamó la atención, al ver la guerra abierta que está soportando a través de los comentarios de sus lectores el director de eldiario.es, Ignacio Escolar. Este periodista se ha convertido con los años, gracias a una magistral intuición profesional para adaptarse a los tiempos y una trayectoria con más rigor que errores, en un referente para el ala izquierda de la sociedad; especialmente afianzado tras pasar por la dirección de Público, en la que fue la mejor etapa del diario.

Anoche, sin embargo, parece que algo se rompió en la cadena. ¿El qué? Durante meses, un bulo que nunca tuvo cabida en ningún medio de comunicación generalista corrió por las redes sociales vestido de información y, por extensión, de enérgica protesta. Al parecer, el marido de Cristina Cifuentes, delegada del Gobierno en Madrid, se encontraba en busca y captura por la policía mientras su esposa, al mando de la seguridad en la Comunidad, dormía plácidamente junto a él. Escolar se ha limitado a hacer su trabajo: contar la verdad y acabar con el bulo. No hay marido en busca y captura y la historia es bien distinta y muy matizable.

El resultado, curiosamente, no ha sido una rectificación de quienes difundieron la falsa noticia, sino una encendida protesta contra Escolar por… ser demasiado periodista.

Entre los comentarios se pueden leer cosas tales como [ortografía corregida]:

– Me parece un error un artículo así. Este artículo indica que “has defendido a Cifuentes”. Como con el tema del titular del cura y los 202 desahucios, se trata de algo simbólico, de una representación política en torno al “marido de Cifuentes fugado de la Justicia”. La próxima vez que suelten a los policías a romper cráneos en Madrid seguro que Cifuentes pedirá que los rompan un poco menos. Por honestidad y eso.

– Este artículo huele fatal pero no por el contenido, que también, sino porque sorprende que habiendo tantos casos de corrupción que investigar en este país, Escolar salga a defender al marido de Cifuentes. Que explique el director de El Diario.es qué motivos le han llevado a publicar esta columna aquí y ahora. Cuando un periodista decide hablar de un tema y obviar otros, hay gato encerrado o intereses privados. Explícalo y clarito, Ignacio. Somos muchos los socios que no lo entendemos y necesitamos más explicaciones para seguir apoyando tu proyecto.

– Escolar: “No creo que sea “el enemigo”. Pues, lo siento, para mí sí, en los tiempos que corren. […] Bajo mi punto de vista, el artículo de hoy sobraba, ni se oculta ni se malinforma. Simplemente, SE OBVIA. Que para defenderse, ellos ya tienen a toda y todos [sic] los medios de información que hay en España. Un gran saludo desde Valencia, Nacho.

– Cristina Cifuentes tiene motivos para alegrarse de la marcha de eldiario.es y de que lo dirija Nacho Escolar después de la defensa cerrada de su marido, ya limpio de toda mácula.

La “defensa cerrada” ha consistido en aclarar, como ya hemos dicho, la falsedad de una presunta noticia que llevaba meses circulando por las redes sociales. Sin embargo, decenas de personas han considerado que eldiario.es jamás debió publicar estos datos. En otras palabras, han invertido la famosa sentencia “no dejes que la verdad te estropee un buen titular” para convertirla en “no dejes que un titular veraz te estropee tus campañas o prejuicios”.

¿Alguien imagina a la militancia del PP exigiendo públicamente al director de El Mundo que, de tener conocimiento de un escándalo de corrupción en su partido, lo ocultase por el bien de la causa, o a la del PSOE haciendo lo propio con El País? En realidad vemos casos así todos los días.

Una de las mayores degeneraciones del periodismo ha sido convertirse en voz política activa. Ya no quedan periodistas, sólo portavoces. Los lectores, oyentes o espectadores escogen deliberadamente a aquellos que les van a contar lo que quieren oír, mientras van desapareciendo aquellos que pretenden contar hechos ciertos y probados. Desmontar los bulos que recorren la red, cada vez mayores, se convierte en algo especialmente cruel cuando, al hacerlo, automáticamente queda uno convertido en sospechoso de miles de oscuras conspiraciones. La política y sus estructuras mediáticas se han convertido en otra experiencia religiosa para miles de ciudadanos, con oráculos y leyes sagradas que adorar y otras tantas que despreciar.

La censura o la presión ya no sólo llega por parte de los poderes institucionales o económicos, que también, sino por parte de una audiencia enfurecida y alineada que advierte seriamente a sus informadores y opinadores sobre los límites que pueden cruzar. Y si los cruzan, ellos saben que estarán muertos, por lo que ya se cuidarán de no hacerlo. ¿Libertad de información y opinión? ¿Criterio? Un buen eslogan ganará siempre la partida. El periodista no es libre: pertenece a unas ideas (entiéndase: a unas siglas) a las que debe fe y obediencia. Ese el periodismo que muchos comunicadores con intereses han creado pacientemente, junto al monstruo social que heredamos, dispuesto a reivindicar la mentira pactada aun en contra de sus propios intereses.

Pero que existan ciudadanos pidiendo a un periodista que deje de hacer su trabajo no sólo indica un problema moral clarísimo, que vuelve a evidenciar que la nefasta realidad política no es una burbuja social sino la fiel representación de la misma. Indica, además, una pereza intelectual y argumental capaz de generar escalofríos en un volcán como el actual. ¿Acaso no tiene la izquierda española razones para indignarse con Cifuentes o Rajoy sin inventar nada sobre sus respectivos matrimonios? ¿De verdad hacía falta dejar de prestar atención al paro, la sanidad, la educación o los derechos civiles para prestársela al marido arruinado de una política de segundo nivel?

7 respuestas para “El peligro de ser demasiado periodista”

  1. No has podido resistirte a corregir la ortografía, ¿verdad? xD

    Yendo al artículo, me ha encantado. Me parece muy triste todo esto y que lo señalas muy bien. Aunque hay una cara de este asunto que creo que también merece atención: cierto sector de la prensa – sobre todo de izquierdas – se ha ocupado durante años de crear este tipo de audiencia, ¿no crees? Me recuerda un poco a lo que le pasó a Alberto Garzón con los iPhone del Parlamento…

    En fin, genial texto.

  2. Vi las reacciones, pero realmente no sé si me da pena la caña que le dan a Escolar, cuando él y su medio (tanto en Público como El Diario) han ido difundiendo bulos a tutiplen haciendo periodismo en base a la cotización de la indignación, lo que llamo el periodismo del click tal y como ocurrió con:

    Islandia http://escolar.net/MT/archives/2011/02/la-revolucion-de-islandia.html y la realidad http://cienciasycosas.blogspot.com.es/2013/01/como-le-va-islandia-despues-de-aplicar.html

    La estación del Ave de Guadalajara http://www.eldiario.es/economia/sospechosa-ubicacion-estaciones-AVE_0_94141050.html y la realidad http://politikon.es/2013/01/28/la-dichosa-estacion-de-guadalajara/

    Los infiltrados http://escolar.net/MT/archives/2011/06/no-era-un-infiltrado-era-un-indignado.html y más bulos en manifestaciones y un largo etcétera

  3. Hola Jorge.

    Me ha interesado tu punto de vista pero no estoy de acuerdo con algunas de tus premisas y conclusiones.

    Primero, no creo que sea cierto que “algo se rompió” anoche en la relación que mantengo con mis lectores. Dudo que este artículo marque un antes y un después en mi trayectoria, como das a entender. Si repasas la hemeroteca de mi blog, verás que no es raro que algunos comentaristas cuestionen algunos de mis posts. De hecho, es algo habitual que valoro. Me preocuparía más que mis lectores fuesen completamente acríticos y les pareciese bien cualquier cosa que escriba. A bote pronto, recuerdo polémicas similares con algunos artículos sobre Chávez (siempre un tema complicado para la izquierda), sobre el contrato único, o sobre el gasto público y la redistribución de la riqueza.

    Además, aunque es verdad que algunos comentarios han sido críticos, la mayor parte de los lectores han valorado muy positivamente el artículo. Por tanto, es falso –o al menos no lo veo así en mi caso– que los periodistas seamos rehenes de una “audiencia enfurecida” incapaz de perdonar cualquier traición a la causa. Si este es el ejemplo más claro de un día en el “cruzo los límites” y “acabo muerto”, no me parece que esté siendo para tanto.

    Ten en cuenta también que las personas que comentan son siempre una minoría que no sirve para detectar la opinión general de los lectores. En el caso de este artículo, va por 200 comentarios, pero a esta hora ya lo han visto 40.000 personas, según nuestras estadísticas internas. Es decir: apenas comenta el 0,5% de los lectores.

    Estoy de acuerdo, eso sí, en que es un poco patético –además de injusto– que lo mejor que tenga que decir cierta izquierda sobre Cifuentes es esta bobada inventada sobre su marido. Por supuesto que hay otras razones más importantes por las que indignarse con la política de la delegada del Gobierno. Por eso escribí este artículo.

    Un saludo,
    Ignacio Escolar

    1. Hola Ignacio. Gracias por tu comentario y por tu interés en el artículo.

      Es cierto que la expresión de ruptura es exagerada; era más bien un recurso literario, pero tienes razón en que da lugar a confusión. Además, es evidente que tanto aquí en las redes como también en la calle (esa parte que no podemos medir) cualquier periodista mediático tendrá siempre aprobación y reprobación variada de su audiencia sobre cada cosa que cuente, explique o defienda.

      Lo que sí mantengo es la segunda parte de mi reflexión, en la que he aprovechado para hilar con este caso particular pero que pretendía que fuese más general. Creo que la estructura de medios en España está muy ligada a la propia estructura política, y eso se nota en una coincidencia casi plena de cada segmento de votantes con unos medios concretos, de los que esperan no sólo una orientación editorial sino también compromisos más concretos. Uno de los comentarios que he leído esta tarde, replanteándose la colaboración con eldiario.es por la información de Cifuentes, no creo que represente a un sector tan minoritario, por desgracia. Sabemos que la autocensura es un riesgo permanente en una profesión que está demasiado atada a esa triple red (anunciantes, partidos, audiencia polarizada). Muchos periodistas tienen esto último en mente antes de lanzarse a la arena, sobre todo a la de la opinión.

      Alabo, y lo he hecho en el artículo, que algunos hayáis sido capaces de pasar por encima; pero tengo la firme convicción, corroborada en algún caso concreto de manera personal, de que ese problema que planteo es más general y profundo de lo que nos gustaría en el conjunto de la profesión.

      Un saludo.

        1. Exacto. He leído por encima los comentarios, pero de 50 que había en la primera página, sólo 5 o 6 iban en el sentido que mencionas, y tenían bastantes votos negativos.

          Es cierto que hay mucho partidismo en la prensa española, pero me da la impresión de que esta vez te estás creando un hombre de paja.

          1. Coincido. Yo fui uno de los que escribió de madrugada apoyando a Escolar en ese artículo y por entonces, la mayor parte de los comentarios eran de apoyo.

            Me da la sensación de que este post es más un reflejo distorsionado que la realidad y tiene narices en un artículo sobre ética periodística.

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