Euskadi, donde todo es distinto

La reestructuración del mapa político vasco, con la vuelta de la izquierda abertzale radical (definida aquí de ese modo porque, aunque se suela obviar interesadamente, los partidos legales siempre siguieron allí) ha arrojado el resultado previsto: una victoria del PNV, un arrastre del PSE gobernante al tercer lugar y el posicionamiento de EHBildu como segunda fuerza política.

En el eje soberanista, el parlamento vasco queda distribuido en una relación de 48-27 a favor de los abertzales y en el eje ideológico de 37 (de PNV y PP) a también 37 (de EHBildu y PSE), excluyendo el escaño de UPyD de esta división. Y es importante matizar esto para ahora apuntar que, probablemente, si hacemos caso de la opción favorita de los ciudadanos en los sondeos y de la observación política de las relaciones entre partidos, ninguno de esos dos ejes decidirá el gobierno, sino la suma de un partido nacionalista de derechas (PNV) y uno constitucionalista de centro izquierda (PSE), quién sabe si mediante la fórmula de la coalición de gobierno o del puntual apoyo parlamentario. La candidata de la izquierda abertzale, Laura Mintegi, ya acusó a ambos partidos de tener acordado su pacto de manera secreta durante el debate electoral. Patxi López respondía que un acuerdo de gobierno entre PNV y PSE está fuera de la realidad; pero el matiz “de gobierno” es importante, porque no excluye la posibilidad parlamentaria. Euskadi, donde todo es distinto.

De lo que no cabe duda es de que Urkullu será lehendakari, y lo será probablemente porque el voto identitario sí tiene aquí más peso que el económico o el gestor. Patxi López, con mejor imagen fuera que dentro de Euskadi, deja una Comunidad Autónoma con números también mejores que la media española en las cifras de paro o déficit publico (sin duda por delante del premiado Feijóo), y bajo su mandato los ciudadanos han votado por primera vez sin la violencia terrorista. Pero los nueve escaños que se deja por el camino muestra que la batalla vasca se libra en otra plaza. Euskadi estaba viviendo estos cuatro años una situación política democrática y legal pero sociológicamente anormal.

El PSOE tiene un reto importante en este momento. Apartado del poder autonómico (sólo le quedan las presidencias de Andalucía y Asturias y mediante gobiernos en coalición o apoyos parlamentarios), la carta que juegue en el País Vasco puede afectar el rumbo que siga en el resto de España, que no parece fácil y donde, además, suenan vientos de estallido inminente de una rebelión de cuadros y bases. Pasar de un gobierno presidido con apoyo del PP al apoyo a un gobierno presidido por el PNV puede ser un juego acrobático digno de ver. Por otro lado, si los rumores sobre un futuro de Patxi López en la política estatal son ciertos, no cabe duda de que una circunstancia influirá sobre la otra.

El PNV tiene opciones para decidir entre los dos ejes. Descartado un apoyo del PP (que con mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados no necesita suicidar a Rajoy ante su prensa “amiga”, y que además no tiene escaños suficientes en el parlamento de Vitoria) puede ahora cortejar a EHBildu y asumir sus condiciones, seguramente planteando un proyecto con calendario hacia la autodeterminación imitando el modelo de Artur Mas, u optar por la vía del PSE, que quizá sea capaz de ofrecerle un gobierno más estable a cambio de relajar esa postura y centrarse en la gestión. También los juegos de poder de las tres Diputaciones Forales estarán encima del mapa.

Dicho lo cuál, ¿le interesa a EHBildu gobernar o todavía no es el momento adecuado para sus intereses estratégicos? El gran problema de los partidos que durante mucho tiempo han sido oposición, e incluso antisistema, cuando llegan a las instituciones es reconvertirse y ponerse frente a sus propias contradicciones. Uno puede anhelar con ilusión la independencia vasca pero, al final, en cuanto toque gobierno saltará a la prensa y a la opinión ciudadana en las tabernas por sus decisiones sobre la política de recogida de basuras. Algo tan banal como eso es lo que ha ocurrido en San Sebastián y es lo que ocurriría, también, en el gobierno vasco, comenzando ya el desgaste que la política real e institucional genera a cualquier partido cuando la cosa va de firmar leyes y no de hacer eslóganes.

Con este panorama, es complicado intuir qué ocurrirá. Entre tanto, ETA dice que no se disuelve y Mintegi que condenar el terrorismo es como hablar de las guerras carlistas. Hay cosas que aún deben ser tomadas con mucha cautela. El espectáculo realmente bochornoso de seis personas desplegando pancartas a favor de los presos de ETA en un colegio electoral mientras vota el lehendakari en funciones no anima demasiado. Si la izquierda abertzale aún no ha entendido que está recibiendo la oportunidad de representar a su pueblo por la vía de las urnas gracias al fin de la violencia, y que no hay ningún otro camino para construir absolutamente nada, probablemente el esfuerzo de estos años no haya valido la pena y debamos dar razón a quienes dicen que reconvertir salvajes no es posible y que sólo queda la vía judicial y policial, que podría seguir eternamente protagonizando la vida pública y condenando a Euskadi al aislamiento, la decadencia y la parálisis infinita, hasta que el odio consuma a sus gentes.

Por su parte, los partidos de corte constitucionalista deben reflexionar por qué cuando votan todas las “sensibilidades” nunca pueden ser mayoría. No ya porque haya dos polos tradicionales, sino porque estos incluso han cambiado su relación de fuerzas en Álava, donde los partidos de ámbito español solían ser mayoría con cómoda ventaja. Ni al PP, ni al PSE ni a UPyD se les puede escapar ese necesario análisis tras haber bajado no sólo el número de escaños al ser más a repartir, sino también el número de votos y por tanto su representatividad real frente a un nacionalismo que sube. Quién será el futuro secretario general del PSE o la continuidad de Antonio Basagoiti no es lo más importante que tendrán que decidir en los próximos cuatro años.

5 respuestas para “Euskadi, donde todo es distinto”

  1. Dos observaciones:
    1) El sistema político vasco no es equivalente al sistema político español. Ni el PNV es equivalente al PP en lo ideológico, ni lo es EH Bildu al PSE. Desde ese punto de vista, el PNV está más cerca del PSE que del PP o, como mucho, serían equidistantes. Y en lo identitario, tampoco tienen los mismos proyectos el PNV y EH Bildu; el de estos últimos es independentista; el del PNV no lo es. Pero hay más, no será nada fácil que PNV y EH Bildu se pongan de acuerdo en cuestiones tales como política lingüística, por ejemplo, porque promueven políticas y objetivos diferentes.
    2) En Euskadi muchos no vemos un acuerdo PSE-PNV a corto plazo, porque hace falta tiempo para restañar las heridas en los dos lados. Ese acuerdo se acabará produciendo, pero tendrá que pasar tiempo (quizás una legislatura completa). Además, un acuerdo PNV-PSE ahora pasaría una factura carísima al PNV en las próximas elecciones. También puede ocurrir que empiece la legislatura con un gobierno en minoría y sin acuerdos estables, y que esos acuerdos, de producirse, vengan más adelante. El peor escenario posible para el PNV es que PSE y EH Bildu actúen conjuntamente en el Parlamento, pero eso exige que el PSE sostenga a Bildu en la Diputación de Guipúzcoa, pero eso tampoco es fácil, ni quizás convenga al PSE.
    Saludos.

  2. No puedo estar más de acuerdo con el comentario anterior. Creo que fuera de la CAV o de Navarra, (sus territorios electorales naturales), no se entiende muy bien qué es EAJ-PNV. Es un partido de centro-derecha en lo económico, pero en lo social… Es bastante más progresista que el PSOE. Hacer aquí una comparativa entre las políticas sociales adoptadas por unos y por otros sería demasiado humillante para los socialistas, y para esos “populares”, con los que queremos equiparar a los jeltzales. Un saludo.

  3. Ah, por cierto, en lo que se refiere a la definición de EAJ-PNV desde el punto de vista de reclamación identitaria, sólo puedo decir que, en la teoría, en los estatutos, Sí quiere la independencia. Otra cosa es que, en la práctica, sea sólo soberanista. El día que se vea en la tesitura de tener que mojarse tendremos un drama entre las dos tradicionales “familias” sobre las que bascula el péndulo.

  4. Lleva razón Mikel. No he expresado bien la idea. El PNV es independentista, al menos según sus estatutos, y es así como se ven la mayoría de sus afiliados. Lo que ocurre es que hay tal diferencia entre PNV y EH Bildu en la concepción del soberanismo y del proceso soberanista que, en la práctica, no es fácil calificarlo como independentista. Íñigo Urkullu lo expresa del siguiente modo: “ser un poco más independientes trabajando cada día”. La idea es que se pueden alcanzar espacios de soberanía que en la práctica equivalen a un estatus próximo a la independencia sin necesidad de desgarrar a la sociedad.

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