La crisis tiene nombres

En las páginas de actualidad como esta, en las que pretendemos ser serios, mínimamente analíticos y no alterar a nadie lanzando soflamas demagógicas o populistas, a veces puede parecer que pecamos de una cierta insensibilidad. Es cierto que desde aquí solo podemos comentar las grandes cosas, y no estamos para dar noticias ni ser relatores de pequeños sucesos. Entre otras cosas porque no tenemos medios para hacerlo, y la vocación periodística sin dinero y veinte corresponsales no suele servir de mucho… todavía. Pero, ¿qué pasa si esos pequeños sucesos tienen que ver con las grandes cosas y los tenemos justo delante? ¿Qué pasa si, además, nadie lo está contando?

Este mes hemos hablado en Xaora de asuntos tan dispares como un incendio en Galicia, los cien días de gobierno de Rajoy, el déficit y los Presupuestos Generales, el modelo autonómico o la nacionalización de YPF en Argentina, a la que incluso dedicamos dos artículos. Hemos intentado contextualizar esos grandes y mediáticos acontecimientos y sacar algo en claro de ellos, con mejor o peor fortuna y opinando subjetivamente (claro) sin apartar los hechos objetivos. Y siempre, en cada tema, subyace desde 2008 la palabra crisis. La economía, una y otra vez, está presente en cada paso que damos. Antes hablábamos de gastar dinero con desbordante alegría: ¡más trenes, más autovías, más aeropuertos! Ahora, hablar de dinero es hablar de pequeñas puñaladas en los bolsillos de todos… y también en las conciencias, sabiendo el país que hemos contribuido a construir, activa o pasivamente.

Toda crisis tiene varias fases; y la fase de las consecuencias sociales no es la primera. Pero ya está aquí. El crecimiento de la cifra del paro y los recortes en los servicios públicos acaban convirtiéndose en historias de personas con nombres y apellidos; esas historias que quienes queremos calmar y no agitar, construir y no alterar, evitamos propagar como arma incendiaria, pero que bien planteadas deben servir para que la sociedad reflexione su presente y su futuro.

Ayer por la noche Adrián Pastor, compañero de este blog, me hizo llegar una que, según le decían varias personas, había ocurrido en su propia ciudad. La publicó después en Twitter, donde empezó a correr como la pólvora. Al pedir muchos usuarios una confirmación mediante algún enlace a medios de prensa escrita, comprobamos que nadie se había hecho eco. Así que decidimos contrastar la noticia y contarla nosotros mismos.

Sabemos [lo recogía El País el 4 de enero] que el hospital de Tarragona “no atiende infartos después de las cinco de la tarde”. Así de crudo lo planteaba este mismo diario. Y hay casos reales: Felipe Rivas, vecino de 64 años, que tuvo que ser trasladado a Bellvitge (a 100 kilómetros en la vecina provincia de Barcelona, más de una hora por carretera) por haber sufrido uno media hora después del cierre de la unidad de hemodinámica del hospital Joan XXIII de su ciudad.

Así que en Tarragona existen más posibilidades de sobrevivir a un infarto si este se produce de 8 de la mañana a 5 de la tarde que el resto del día. No es cuestión baladí: “si se tarda más de 120 minutos en abrir la arteria obstruida las posibilidades de salvar un infarto de miocardio son muy pocas”. A Rivas lo atendieron exactamente dos horas después.

Lo grave es que la situación no es nueva. Este horario funciona en Tarragona desde el año 2000, según la misma información. Entre el año 2000 y 2008, recordemos las palabras de cierto expresidente, España iba bien. Iba genial. Fuimos felices, nos compramos teles de plasma y coches nuevos y enladrillamos la costa española, la meseta y, en general, cualquier rincón, con urbanizaciones horteras, paisajísticamente agresivas y engañando a quienes las compraban, que además estaban encantados y resultaban ser visionarios sin parangón.

En ese tiempo, el Estado ingresó una buena cantidad de dinero gracias a nuestra fiesta, que destinó a la suya propia. Cuando llegaban elecciones, ya fueran generales, autonómicas o municipales (sobre todo estas), comenzaban los cien metros cinta, y políticos de todo color, sin excepción, nos sorprendían con los trenes más rápidos, los aeropuertos más grandes y las rotondas más surrealistas, que más tarde hasta podrían dar servicio a circuitos de Fórmula 1.

Algunos decían que aquello no podía ser sostenible, por lo que eran tachados de demagogos, de agoreros y de amargados aguafiestas. Pero la fiesta efectivamente terminó, y lo cierto es que España, en todo ese tiempo, no pudo crear una buena red de conservación de sus montes, ni colegios públicos para los chavales que aprendían a sumar en barracones de comunidades con trajeados presidentes, ni fue capaz de plantear que la unidad de hemodinámica que da servicio a toda una provincia de 805 789 habitantes funcionara 24 horas al día y no solo 9.

Así que cuando la fiesta pasó los montes se quemaron, los niños siguieron en barracones, a los que por suerte no los tenían les apagaron la calefacción y…

Ayer un niño de once años falleció en Tarragona después de sufrir una parada cardíaca.

Se llamaba E. M. M. Hemos sabido que cursaba sus estudios de 6º de primaria en el Col·legi de la Salle de Torreforta, en el barrio homónimo de la citada ciudad. Sufrió un paro cardíaco durante una clase de Educación Física, según nos ha confirmado una empleada del propio centro. Los profesores intentaron reanimarlo, y cuando avisaron a los servicios médicos se envió un helicóptero para trasladarlo a Barcelona. No llegó a tiempo.

A esta hora, casi un día después, ningún medio de comunicación lo está contando, y nosotros no tenemos forma alguna (ni la vamos a buscar) de contactar con la familia; pero era un comentario generalizado en su entorno que se había producido un importante retraso en la asistencia. Queremos ser prudentes; puesto que aunque hemos confirmado el suceso no tenemos elementos objetivos que, en ningún caso, nos puedan llevar a pensar que el fallecimiento se haya debido a una mala actuación de la Administración, de la que tampoco tenemos una versión. El respeto por el fallecido, por sus seres queridos y por el rigor que merecen noticias tan sensibles es máximo a la hora de redactar este artículo.

Pero sí sirve para ponernos en situación en un momento delicado de anuncios sobre la sanidad; el mismo día que el Jefe del Estado sale de su convalecencia en un hospital privado y se anuncia el copago farmacéutico. La actualidad también son gestos.

Una buena forma de saber cómo salir de esta es pensar en cómo hemos llegado hasta aquí. Este no es un blog de agitación, como ya se ha dicho. No vamos a pedir a Artur Mas su dimisión por este hecho, ni siquiera buscamos visitas con titulares efectistas. Hemos tardado once párrafos en contar la historia que nos ocupa; tanto que por desgracia muchos no habrán llegado a ella. A la gente ya no le gusta leer, y además cuando escribes mucho te lo dice, así: oye, te has pasado. Lo denso debe ser breve, y como suele decir Rosa María Calaf ya no hay hueco para explicar nada que no tenga una imagen impactante. Pero ahí está la verdad, mirándonos fijamente, y preguntándonos a todos en qué mierdas estábamos pensando. O si estábamos pensando.

Ahora nos lamentamos por los recortes en sanidad y en educación. ¿Y antes? ¿Qué exigíamos hace tres, cuatro o cinco años a nuestros representantes públicos, cuando todos éramos felices y vivíamos en nuestra frágil pero cómoda burbuja? A algunos amigos personales me gustaría recordarles ciertas conversaciones, pero sé que en el fondo, y en silencio, se avergüenzan tanto como yo.

Preguntémonos ahora cuántas personas muertas por una deficiente asistencia sanitaria y cuántos futuros jóvenes parados por una pésima educación pública merecen esas autovías vacías, ese derroche infumable y ese ansia por querer y no poder.

A muchos ciudadanos no les valen cifras, gráficas, comentarios ni análisis; necesitan historias personales, crudas como ellos, nombres propios y rostros en los que simbolizar la realidad que pretenden entender. Pues ya hay muchos que muestran la degradación política y social que ha alcanzado España, el país de la austeridad en helicóptero. Recortamos en lo sensible, seguimos con el dispendio en lo superficial, y aún no hemos sido capaces de configurar el nuevo modelo económico del futuro, que parece que va a consistir en suprimirlo todo hasta que al último solo le quede apagar la luz y cerrar la puerta. Tan disparatado es este país, que los Ruiz-Mateos se plantean volver. A la construcción. Con pagarés. Demasiado bien estamos o demasiado lejos hemos llegado.

Aún hoy; españoles, catalanes, vascos, gallegos, andaluces, madrileños, canarios o vecinos de la mítica y ficticia Villarriba, preguntémonos cuánto valen nuestras ensoñaciones, nuestras patrias, nuestras banderas, nuestros himnos, nuestros toros, nuestras vírgenes, nuestros castellers, nuestras fallas, nuestras ikurriñas, nuestras gaitas, nuestro fútbol, nuestros insultos obsesivos o nuestras putas bombas de cobardes malnacidos si ni siquiera, entre gritito y gritito, fuimos capaces de construir un futuro como sociedad para todos nuestros hijos. Y construir un futuro es algo más que agitar ideologías, de izquierdas o de derechas, sin ningún rigor científico o histórico, que lanzar alaridos diciendo que teníamos razón, que el liberalismo austriaco o el manifiesto comunista por fin se confirman como la gran verdad revelada, o que buscar culpables con nombres propios en una sociedad que en su totalidad está enfangada hasta las cejas por acción u omisión. Peor que cometer errores es no reconocerlos nunca, no abandonar las malditas obsesiones aunque con ellas caiga el edificio entero.

Este final no quiere ser demagógico, pero sí una muestra de desesperación, y esa también es real. España se derrumba y a nadie le importa lo que de verdad importa. Ni siquiera ocurrirá el día de su entierro; en el que es predecible que su monarca esté cazando elefantes y un presidente autonómico inaugurando embajadas comerciales en cualquier rincón del planeta; para demostrar que, en eso sí, la tiene más grande que nadie. Gracias a la madre naturaleza, al menos no tenemos petróleo que pueda hacer, si cabe, el espectáculo del despiste aún más bochornoso.

Este en el que vivimos era, para algunos, un Estado simbólico, bueno o malo. Como los presidentes de ese niño tarraconense que mañana podría ser cualquiera, que seguirán explotándolo hasta el final, a favor o en contra de una patria u otra. Para otros, España fue una idea social, de derechos, libertades y bienestar; y esta última es la que nadie se ocupó de cuidar, ni siquiera de reivindicar fuera de las pataletas o los privilegios. Descanse en paz. Tú también, pequeño.

Jorge Barraza | @JorgeBF

3 opiniones en “La crisis tiene nombres

  1. Me ha gustado mucho el articulo, lo cierto es que le deja a uno petrificado, cuanto atrocidades como esta ocurriran al dia en este pais?. Yo voy a recurrir a un topicazo y es que tenemos justo lo que merecemos y hablo de modo global, el peligro de la democracia es colocar a un ignorante con una papeleta en una urna de cristal

  2. Lost says:

    Ante todo, felicitarte por tu artículo, muy bueno.
    Yo no suelo escribir en blogs ni nada por el estilo pero me gustaría puntualizar un comentario que has hecho y que no es cierto: Juan XXIII SÍ atiende infartos, de hecho, los atiende 24 horas al día, con cardiólogo de guardia. Caso a parte es la unidad de hemodinámica, que es la que permanece cerrada de 17 a 8 h. los días de diario y completamente cerrada los fines de semana y festivos. Cabe decir, también, que no todos los infartos tienen que tratarse en esa unidad, pues muchos, sólo con tratamiento farmacológico, mejoran y son dados de alta bajo seguimiento médico.
    Por otra parte, considero una vergüenza que el hospital de referencia de toda una provincia, no tenga la unidad abierta las 24h. del día los 365 días al año, así como no tenga UCI pediátrica. Los recortes siempre los sufrimos los mismos.
    Yo sí que pido responsabilidades y dimisiones de gentuza que nos pide austeridad cuando ellos nadan en la abundancia. Se nota que tanto ellos como sus hijos son atendidos al momento en clínicas privadas o peor aún: se cierran plantas de hospitales públicos para que no sean molestados.
    Bueno, después de esta parrafada, me despido. Un saludo!!

    • Gracias por el comentario. Aquí nos hemos limitado a recoger lo que decían los medios de información en enero (El País y El Periódico de Catalunya, al menos) y lo que sobre el suceso de ayer nos han comentado nuestras fuentes. Naturalmente no tenemos conocimientos médicos; así que de nuevo muchas gracias por la aclaración. Un saludo. :)

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