El ala oeste de la Casa Blanca es una serie de obligado visionado para toda persona con interés político. No sólo por lo que ayuda a conocer el entramado de la administración estadounidense, sino también porque es un buen curso de práctico de politología. Quizá idealizado, pero muy valioso.
En el segundo capítulo los asesores de comunicación están preocupados por las bromas del presidente, que ya le han costado más de un disgusto con la prensa y los grupos sociales y de presión. Una de ellas fue afirmar en Texas que a las gentes de aquel Estado les gustan los sombreros raros. Siendo candidato perdió allí dos veces seguidas. ¿Por los sombreros? Ante este análisis, el ficticio presidente responde a su asesora: “post hoc, ergo propter hoc”.
“Después de esto, por lo tanto, a causa de esto”, sería la traducción. Este latinismo sirve para enunciar un tipo de falacia muy extendida: si un acontecimiento ocurre después de otro es a causa del primero. Para que se vea claro: si el gallo canta siempre cuando sale el sol, el sol sale porque canta el gallo. En este caso sabemos que no; pero en otros casi igual de evidentes cuesta más explicarlo.
El PSOE celebra este fin de semana su 38º (trigésimo octavo, que no treinta y ocho) Congreso Federal. A él acuden los delegados de los militantes tras la mayor derrota histórica cosechada por este partido en nuestra democracia: 110 escaños y un vacío institucional que, de cumplirse la mayor parte de las previsiones, sumará también la pérdida del gobierno de Andalucía, sede no casual de este encuentro.
Según se ve en los medios de comunicación el análisis general de esta derrota tiene dos padres: 5 millones de parados y un presunto giro a la derecha. Este análisis, en principio, no es malo. Tanto Rubalcaba como Chacón, candidatos a la secretaría general, han comprado la idea: hay que ser más de izquierdas. Pero ¿qué es ser más de izquierdas?
Vayamos a los datos. En las pasadas elecciones municipales y autonómicas (mayo de 2011) el PSOE utilizó un argumento central de campaña: si gana la derecha, adiós a la sanidad, la educación, la dependencia y los servicios sociales. La izquierda, a pesar de la amenaza, se debatió entre la fragmentación del voto y la abstención, y el PP arrasó.
El pasado 20 de noviembre los argumentos de la campaña de Rubalcaba volvieron a ser los mismos: el Estado del Bienestar está amenazado por la derecha. En el debate televisado intentó incluso poner en cuestión que Mariano Rajoy quisiera mantener el subsidio de desempleo. El resultado fue exactamente el mismo: hundimiento socialista.
El País publicaba recientemente en su blog Metroscopia datos sobre estimaciones actuales de intención de voto. Estos:
Aquí vemos que se produce eso que se llama “efecto ganador”. En los primeros meses cualquier nuevo gobierno aumenta sus apoyos reconocidos aprovechando el efecto de la victoria. Pero el PP lo recibe, además, mientras sube el IRPF y recorta en todos los ministerios; dos hechos que no suelen resultar simpáticos al común de los electores. El PSOE prosigue su hundimiento e Izquierda Unida sube casi un punto (curiosamente, y aunque nadie parezca haberse dado cuenta, siempre que IU sube lo hace en mucha menor proporción de lo que pierde el PSOE).
Ahora vienen las elecciones andaluzas, y otras repentinas en Asturias. El PSOE ha vuelto a desplegar su arsenal de campaña: la derecha os dejará sin derechos. Las encuestas vaticinan que el resultado será el mismo que en los dos casos anteriores: será la derecha quien gane; y lo hará además en un territorio que no es sospechoso de haber preferido históricamente esa opción política.
De todo esto podemos deducir que quizá el análisis tenga carencias. Y siendo errónea la búsqueda de la causa de la derrota, también lo será la receta para volver a ganar.
El PSOE se empeña en repetir que la derecha recortará prestaciones, pero ¿realmente no es consciente de ello el elector? Tras dos elecciones consecutivas, con el PP gobernando en casi todas las autonomías y ayuntamientos y además en el gobierno de España, parece bastante absurdo seguir sosteniendo como reclamo el voto del miedo a que llegue el oponente, puesto que el oponente ya ha llegado, ha tomado posesión y campa a sus anchas. Toda España se ha dado cuenta del detalle menos, al parecer, los miembros activos del Partido Socialista.
El PSOE pretende hacer en el año 2011 un discurso propio de 1996, cuando aún había recelos hacia la derecha y no existían experiencias nacionales de gobierno del PP. Hoy ni tiene sentido ni puede funcionar. Es probable que lo que espera el elector del PSOE no sea por tanto un compromiso ideológico que se presupone (¿es necesario que un partido socialdemócrata recuerde que defiende lo público?) sino que explique cómo piensa garantizarlo. Porque si la crisis ha servido para aprender algo es que todo, sean derechos o sean caprichos, cuesta dinero.
Si el anterior presidente socialista tuvo que recortar derechos en mayo de 2010 y en fechas posteriores, por encima de su programa y muy por encima de su ánimo, de poco sirve que quienes aspiran a ser sus sucesores prometan unos servicios públicos deslumbrantes si no parece que hayan innovado sus recetas contra una crisis económica que mantiene a España en recesión y con el paro desbocado.
Cuando un partido sufre una derrota tan traumática es imposible que haga oposición al gobierno desde el primer minuto, puesto que no existe autoridad moral ni política para ello. Este tiempo debía haber sido aprovechado por el PSOE para reformular sus planteamientos políticos, y también para modificar sus procedimientos internos. Curiosamente esta última es la única lección que parece haber extraído el partido del 15M: hagamos primarias. Otro mantra.
Y entre ambos, el de la recuperación de “la verdadera izquierda” y el de la “apertura del partido celebrando primarias”, caminan los dos candidatos, y detrás de ellos sus equipos y seguidores, que han logrado dos meses de presencia mediática sin decir absolutamente nada.
Si recuperar la izquierda significa convertir al PSOE en Izquierda Unida, es decir, en un partido repleto de demagogos vendiendo magia y homepatía política, es bastante probable que no exista entre la militancia política una gran capacidad de análisis electoral*, o que su intención sea pasar de 110 a 11 escaños, dejando el testigo de la alternativa del centro izquierda a alguna otra formación.
El concepto de “clase obrera” es muy significativo de la nostalgia, pero hay que saber que la “clase obrera” de hace unas décadas no se mantiene sociológicamente inmutable en lo que hoy llamamos “clase media”. Algo ha pasado en este tiempo. El PSOE tiene que ofrecer soluciones para la sociedad, el Estado y la economía de hoy.
En cuanto a los procesos orgánicos se empieza a asumir el concepto de las primarias, e incluso de primarias abiertas, un valor al alza tras la experiencia del socialismo francés. Este es un modo muy respetable de elegir líderes, con innumerables ventajas y también algunos inconvenientes*; pero tampoco soluciona nada por sí solo, de la misma manera que España no saldría de la crisis económica cambiando su ley electoral.
¿Está también el PSOE dispuesto a acabar con su endogamia, su modelo organizativo regional y local entre caciques y baronías, o con la huída de militantes ante la bochornosa falta de democracia interna e incapacidad de renovación (de ideas y de personas)? Todo esto no lo solucionarán unas primarias, como tampoco lo hará el actual proceso congresual. Hace falta iniciativa y conciencia política para ello. Y un equipo.
Post hoc, ergo propter hoc. El PSOE mantiene como cierto que perdió porque hay una crisis internacional con la que el partido no tiene nada que ver y porque su gobierno tomó medidas neoliberales y de derechas. Esta es sólo media verdad. El gobierno sí tenía capacidad de decisión, antes de la crisis para pinchar la burbuja y después de ella gestionando la explosión. Lo primero no se hizo, lo segundo se hizo tarde. En cuanto al presunto neoliberalismo cacareado, ¿qué alternativas solventes se sugieren? Existen fuera del partido, pero desde luego no en Chacón o Rubalcaba.
El PSOE perdió porque sus sistemas internos no han funcionado; porque ha sido tradicionalmente incapaz de renovarse sin iniciar catarsis y guerras cainitas extendidas durante años, y eso requiere volver a la oposición. El PSOE perdió por no atreverse a hablar a los ciudadanos como si fueran adultos, que lo son. El PSOE perdió porque su gobierno se empeñó en usar el dinero como un bien infinito sin criterios socialdemócratas (antes de la crisis), lo que impidió poder dar una “respuesta social” (durante la crisis) fomentando la anunciada nueva economía. El PSOE perdió no por haber hecho política económica de derechas durante la crisis, nada más lejos de la realidad, sino porque la hizo justo antes de ella, agudizándola.
El PSOE perdió, sí, porque en España hay cinco millones de parados que no aceptan ni toleran como solución los eslóganes vacíos de Rubalcaba y Chacón, sino que esperan un programa serio para la generación de empleo y la creación de riqueza. Ese programa, que naturalmente debiera tener contenido ideológico, no puede consistir en levantar el puño y decir que Pablo Iglesias vive entre nosotros. El PSOE perdió porque la llamada a la revolución de la clase obrera no da de comer ni sirve para pagar el alquiler. Y porque además no se la cree casi nadie. El PSOE perdió porque no se puede prometer como partido en campaña lo que la semana anterior se negó como partido en el gobierno. El PSOE perdió porque el CIS mostró no hace mucho que la mayoría de los parados que hay en España recordaba haber votado al PSOE en 2008, pero ese PSOE estaba y está muy ocupado discutiendo sobre sí mismo e indultando banqueros amigos.
Este fin de semana saldrá de Sevilla una nueva Ejecutiva para el segundo partido más importante del país. Quizá se apruebe además algún tipo de modificación interna, como las primarias, que serán bienvenidas aunque ya existan y puedan usarse. Para que no haya problemas mayores se redactarán unos nuevos Estatutos que atarán los sistemas de poder en sus puntos clave. También se aprobará una suerte de programa político que defender en las Cortes Generales y en la calle los próximos cuatro años, que será bonito y prometerá el cielo, pero que estará tan hueco como el último programa electoral.
Ni Rubalcaba ni Chacón representan el futuro del PSOE, porque ninguno de ellos representa el futuro de España. Zapatero, hace años, dijo que su partido era el que más se parecía a su país. En aquel entonces era cierto; de ahí su éxito. Pero la España de hoy necesita cambiar la venta de aire y luces de colores por contenido con sustancia. Rubalcaba y Chacón no son, por más que se discuta, la herencia del buen expresidente, al que el tiempo y sus compañeros acabarán llevando a un altar de la historia. Son, en realidad, una parodia del momento histórico que acaba: dos globos colorados llenos de helio que la sociedad dejará volar. Por suerte.
El PSOE no necesita curanderos, agentes de colocación de personal o fotogénicos generadores de emociones espontáneas (dígase aplauso con agitación de bandera); necesita médicos de verdad, científicos demócratas con soluciones y discurso, para el PSOE y para la sociedad. Necesita gente implicada con una buena causa. Y la causa no es el salvar los restos de un partido decrépito y autodesgastado, la causa, causas plurales, son 45 millones de ciudadanos. El PSOE puede volver a ser un medio para ello, o puede dejar de serlo para siempre.
* Artículos inspiradores y recomendados sobre estos temas:
¿Dónde están los míos? [Geografía Subjetiva].
Las primarias: ¿entre el bonapartismo y la conjura palaciega? (I) Primarias, bocas cerradas y caballos ganadores. (II) [Desde la Kancilleria, Politikon]
La curiosa falta de líneas de conflicto en el PSOE. [Materias Grises, Politikon].

(¡Sí, me lo leí entero!)
Coincido con la mayoría de lo que pones. Muy bien escrito.
Aunque falta concretar algo más, apuntas a la falta de ideas, a los discursos huecos, a lo que no hacen, pero quizá falten tus propuestas, tus ideas. No vas a dar las líneas programáticas del partido, porque tú no te presentas a SG, pero sí al menos decir por dónde crees que debería ir.
[Y por cierto, esto de publicarlo a mediodía un viernes... ¡Mal! Llega a más gente por las mañanas, y entre semana :P]
Precisamente porque no pretendo presentarme a la secretaría general del PSOE (ni podría hacerlo, puesto que de momento como es natural es un proceso reservado a los militantes), no he querido en lanzar un programa político (bastante largo ha resultado ya el artículo). Pero lo reservo para una próxima publicación.
Sé cómo funcionan las redes, pero no ha podido estar disponible antes. Como el tema no va a pasar de moda podremos seguir publicitándolo los próximos días, creo que no va a haber fallo en la previsión que hace. ;) Y gracias por leerlo, que tiene su mérito. Más aún siendo la hora que es. xD
“Post hoc, ergo propter hoc”. No todo lo que sucedió después de que Rubalcaba fuera candidato se deriva de este hecho. La derrota no se deriva de que RB fuera candidato. Ni siquiera se derivaría del hecho de que pudiera haber sido un mal candidato. Aunque sólo sea una hipótesis, pero entiendo que está bien documentada para resultar plausible, tampoco la candidatura de “quien dio un paso atrás para no poner en riesgo al PSOE y al gobierno” hubiera corrido mejor suerte.
Seguramente las causas de la derrota electoral se encuentran en algunas o en todas las que se enumeran en el post. Sin embargo, demos un paso más. “Causa causae est etiam causa causati”: busquemos la causa de la causa que es causa del mal causado.
Seguramente la causa última podría ser (o estar cerca) del hecho de que el gobierno anterior y la organización política que le respaldaba han sido liderados por alguien poseído, obnubilado incluso, por el “pensamiento simple”. Por alguien que no consideró que los grandes problemas no tengan soluciones fáciles, ni las cosas complejas tienen explicaciones simples.
Nada ha sucedido que no sea producto de la pasión por atender a lo urgente olvidando resolver lo necesario. Y, en Sevilla, puede volver a ocurrir
Lo cierto es que sólo podía elegirse entre el uno o la otra. No había más. Y por mi parte, celebro que haya sido Rubalcaba el elegido para hacer al menos la travesía del desierto en que se hallan, pues él sí se prestó ya desde antes a ello; Chacón quería llegar, no sé por qué atajos, a tierra fértil sin atravesar el desierto, ¡qué gravísimo error!
Mi deseo es que el principal partido de la oposición reaccione, se ponga a trabajar mirando a la ciudadanía, encuentre la forma de comunicarse con la gente y no se pierda en intrigas y luchas por las cuotas de poder interno o externo. Y elborar con tiempo una alternativa a la Presidencia del Gobierno, a la que doy por supuesto que Rubalcaba no aspira.
Un abrazo
Pingback: Xaora