Lecciones japonesas y el futuro nuclear

Lecciones japonesas para políticos y periodistas

La mayor tragedia natural -y, por extensión, social y económica- de la historia de Japón ya tiene una primera consecuencia conocida en este lado del mundo: Europa ha vuelto a poner sobre la mesa el debate nuclear justo cuando parecía vencido. Vencido por los partidarios de su extensión futura para convertirla en una de las fuentes de energía principales, que habían conseguido superar los viejos recelos sociales justificados en la memoria de Chernóbil y el desconocimiento que existe ante un ámbito muy técnico y complejo.

En España el gobierno del PSOE estaba ya decidido a incumplir su programa electoral ampliando la vida útil de las centrales en activo y en Alemania se hablaba también de prórroga. Tras la catástrofe japonesa Angela Merkel -que por cierto es doctora en física, aunque es verdad que este dato no aporta demasiado- se ha asustado por la cercanía de unas elecciones, que no por otra cosa, y ha decidido que también se suma a la precaución forzada. Frente a ella tiene al SPD, que propone -desde hace tiempo- cerrar todas las centrales del país. Todas, sí. Un discurso más fácil de vender ante un electorado sensibilizado en lo medioambiental y lo humano que ha terminado por asustar a la hierática, seria y firme líder de la CDU. China ha paralizado de momento sus nuevos proyectos, Zapatero promete estudiar la seguridad en España y Estados Unidos y Francia siguen apostando decididas por este tipo de generación de energía eléctrica.

La reacción ha sido desmedida, probablemente más comprometida con la apariencia y la publicidad que con la necesidad. Lo verdaderamente importante es saber cómo solucionar la situación en la que se encuentra Japón, que no requiere voluntarios del mundo en fila sino a un grupo de gente ultracualificada y medios técnicos. Demagogia y alarmismo es lo que sobra en el que debiera ser el debate económico, social y ambiental más serio de los últimos tiempos. Sin embargo, cuando estamos siguiendo en directo a nuestros nuevos héroes de Fukushima es sencillo que afloren los intentos de manipulación tanto de partidarios como de detractores del uranio. Sería más sensato dejar que ese grupo de ingenieros acabase su trabajo antes de anticipar qué lecciones se pueden extraer de él. Parece una obviedad, sí; y lo es. Lo llamativo que haya que recordarlo.

Políticos y comunicadores no han estado, en general, a la altura. Unos parecían querer cubrirse las espaldas por lo que pueda venir. Especialmente atrevido ha sido el comentario del comisario de energía de la Unión Europea al emplear el término “apocalipsis”, que rápidamente han reproducido encantados medios de todo el mundo. Algunos, de hecho, parecían deseosos de ver aparecer ‘zombies’ verdes por las calles de Tokyo para poder contarlo y preguntarles, en riguroso directo, que se siente con cuatro brazos. Por suerte no ocurrirá.

Del lado de la profesionalidad y la prudencia periodística dos ejemplos en el caso español: la radio y televisión públicas y el diario El País. En ninguno de ellos han aparecido titulares anunciando el fin definitivo del mundo conocido, algo casi milagroso vista la tendencia. Lo que debiera ser normal ahora merece ser alabado. Así estamos, contando obviedades.

Huyendo del estilo chabacano impuesto, ése que busca la lectura fácil y la pasión encendida del lector, en RTVE hemos podido leer un estupendo artículo de José Cervera explicando qué ocurre y qué podría ocurrir si las cosas fueran mal. Y no, la ansiada explosión nuclear cinematográfica no parece una opción. Por su parte, la red Eskup del diario de PRISA ha demostrado ser una herramienta útil para seguir este tipo de acontecimientos en los que los datos están tan diseminados y necesitan ser actualizados al minuto.

¿Qué es exactamente lo que tocará debatir después de la catástrofe japonesa?

La batalla por la energía no ha hecho más que empezar. El petróleo entra en su recta final en el momento en que la humanidad ha acelerado su tren de vida hasta el mayor extremo de su historia, y con nuevos países emergentes subiéndose al carro. Las alternativas no están del todo claras y las renovables no terminan de despegar. Es decir, tenemos un problema.

Eso sí, mientras se agotan esos combustibles fósiles llamados petróleo, gas y carbón, que tantas alegrías y penas nos han dado, no debemos olvidar tampoco que la energía nuclear no es un milagro eterno. Los costes de construcción y mantenimiento de una central son muy elevados; y según qué expertos se consulten podríamos tener uranio para unos 40 u 80 años. Es decir, que en el mejor de los casos estaríamos hablando de una cifra muy poco superior a la media de la esperanza de vida en Europa. De aquí extraemos dos conclusiones: que sólo estaríamos aplazando el problema -y no demasiado lejos- y que la construcción de nuevas centrales podría empezar a no ser rentable dentro de muy poco.

El otro gran problema que siguen ofreciendo las centrales es qué hacer con sus residuos. Nadie quiere tener guardada una cantidad considerable de basura peligrosa que perdurará en ese estado varios miles de años. España aún no ha solucionado esta cuestión; y seguramente tendremos que esperar hasta después de las elecciones municipales o incluso de las generales para ver quién se queda con el dichoso almacén. Un marrón.

Y para terminar: el terremoto de Japón no nos ha demostrado nada que no supiéramos. Cuando hay un seísmo acompañado de una ola gigante que arrasa cuanto encuentra a su paso las centrales nucleares también son vulnerables. Naturalmente. Replantearse la existencia de las centrales nucleares porque no son mágicas es un tanto absurdo. ¿De verdad no lo sabíamos antes? Lo que sí podemos entender son otras dos cosas: que países como Japón, que viven sobre un bombo de lotería sísmica en movimiento, deberían replantearse si el riesgo merece la pena. No parece, de momento, el caso europeo. Por otro lado, que las consecuencias de que se caiga un puente son limitadas, pero cuando surgen problemas en una central nuclear éstas pueden ir mucho más lejos y ser mucho más duraderas en el tiempo. Sacar estas cuestiones del debate de manera interesada no sería honesto ni sensato.

A partir de aquí el debate está abierto, y efectivamente debe abrirse ya porque calentarnos en invierno y mover nuestro coche -éste, por cierto, es el verdadero problema- es algo que a millones de personas les gusta hacer cada día. Pero ese debate no consiste en agitar portadas que muestren enternecedoras fotografías de niños japoneses con mascarillas.

En el futuro no sólo tendremos que pensar en qué energía gastar sino, sobre todo, en cómo ahorrarla. Y quizá no sólo la que destinamos a iluminar inútilmente autopistas vacías sino también la que deriva en populismo. Toda reunión convocada por nuestros gobernantes en los próximos tres meses formará parte, únicamente, de una bonita representación teatral para tranquilizar al temeroso ciudadano, a la sazón, votante. Pero hay que pensar que lo que venga después no será una bromita, ni un cuento infantil con opciones para elegir un mundo mejor.

Una respuesta para “Lecciones japonesas y el futuro nuclear”

  1. I'm back. Muajajaja. Este bendito lugar que me vio aparecer de entre las sombras del anonimato galaico-mostoleño.

    Como no vengo a meterme contigo (sabes que el médico me lo tiene prohibido), solo te diré una cosa "negativa": la nueva cabecera del blog no me gusta. Así, sin más. Las otras estaban mucho mejores, sobre todo aquella en la que aparecías mirando al horizonte en un tenue atardecer. No sé qué manía tienes últimamente con cambiarla cada ciclo menstrual, pero ya te digo que ésta no me mola. xD

    En cuanto al tema, solo me pasaba por aquí para comentar lo curioso que me ha parecido el caso de la red Eskup de El País. Al principio lo plantearon como una alternativa informativa al feisbus de toda la vida (xD), pero se ha convertido en un elemento de información inmediata de primer orden (supongo que gracias al filtrado de comentarios y al potenciamiento que han hecho en la web). La eterna comparativa El País-El Mundo no tiene color en esta batalla. Tampoco a nivel televisivo. Nuestra querida tele pública está como nunca, aunque supongo que hay que empezar a hacerse a la idea de que acabará como siempre.

    También, a colación de esto, me ha parecido curioso el hecho de que las superpotencias mundiales en información (la BBC o la CNN, por decir así dos de forma aleatoria y/o azarosa), han dejado de ser referencia informativa paulatinamente. Solo hay que ver el auge de Al Jazeera en la revuelta egipcia o la NHK informando sobre la crisis en Japón. Y no creo que sea solo por disponer de mayores medios inmediatos para informar sobre lo que ocurre, ¿o quizás sí?

    En fin, nada más, que eres sensacional, que el artículo no ha sido tan largo como me esperaba, y el resto del peloteo al que te tengo malacostumbrado.

    Voy a merendar. Públicos y notorios saludos ^^

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