A estas horas, un servidor debería estar trabajando. Pertenezco al ínfimo porcentaje de afortunados españoles que en este momento tiene trabajo. Y coincide, además, que es el que mejor sabe hacer, con el que más se divierte y en uno de los campos que más le apasiona del universo. Soy profesor. Interino. El eterno sustituto. Uno de estos jóvenes chachis que, cuando tu profe enfermaba, venía a tu clase a revolucionarlo todo.

Una fotografía de Carlos Fuentes (EFE).
Hoy, mi clase de 26 nanos de 7 años, no tiene profesor. Por primera vez en mi vida, he tomado la decisión de renunciar a mi sueldo para protestar contra las vergonzantes medidas que coartan el futuro de nuestra sociedad a través de los recortes en educación. No tengo intención de aburrirte con peroratas reivindicativas, pues la realidad está ahí fuera y tampoco es el lugar; pero conocidas son las muchas afrentas que la educación española (y más particularmente, la valenciana), está sufriendo desde que comenzó la crisis.
Sin embargo, sí me gustaría contarte el camino que he seguido hasta llegar a este punto, hasta tomar esta decisión. Quizás sea poco profesional utilizar Xaora para hablar sobre mí, para desahogar con el resto del mundo mis penas. Pero por un día me perdonas.
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