El juez Baltasar Garzón ha sido condenado por el Tribunal Supremo a 11 años de inhabilitación por ordenar las escuchas del caso Gürtel, la primera de las tres causas que en un tiempo sorprendentemente cercano se han abierto contra este magistrado tras 30 años de carrera.
Este no era un juicio más. No sólo por lo poco habitual que resulta ver a un juez siendo juzgado, sino porque desde el primer minuto el caso ha trascendido lo estrictamente jurídico. La prueba es que hoy, día de reacciones posteriores, todos los juristas preguntados al respecto en medios de comunicación procuran pasar de puntillas ante las preguntas: “no estoy seguro”, “el Tribunal es independiente” o “habría que analizar mejor los hechos” han sido frases recurrentes. Sin embargo, políticos y analistas partidistas han sido los más vehementes en uno u otro sentido. Ellos sí lo tenían claro. Tampoco había portadas asépticas.

Portada de El País, 10 de febrero de 2012. Fragmento.
Por eso este juicio y su sentencia tienen una importancia especial: porque para una parte nada desdeñable de la sociedad española es ya una cuestión de índole ideológica, que se agravará cuando culmine la siguiente causa pendiente, la verdadera patata caliente de las viejas dos Españas que vuelven, de nuevo, sobre los pasos de la dictadura franquista.

Portada de El Mundo, 10 de febrero de 2012. Fragmento.
Es obvio que las sentencias judiciales deben ser acatadas, y en eso buena parte de la izquierda, que se deja llevar por el populismo, se equivoca. Cuando siempre se ha criticado el doble rasero de la derecha al aceptar o rechazar las resoluciones de los tribunales en función de si resultaban o no convenientes a sus intereses, se ha olvidado que en el otro lado también se conoce y explota el juego.
Poner en duda la totalidad del Estado de Derecho, de las instituciones judiciales y la propia esencia democrática de un país por una decisión que no se ajusta a las simpatías que despierta el personaje juzgado es un disparate político inaceptable. El espectáculo de representantes del pueblo, como Gaspar Llamazares, llamando a la insumisión legal debería abochornar a cualquier parlamentario sensato y responsable.
Esta no es ni de lejos la primera ni la última sentencia dictada por el Tribunal Supremo, una sentencia que ha contado con la unanimidad de la sala. Si hay alguien que catalogando a la justicia española de “fascista” y “heredera del franquismo” considera que hace un favor o bien al juez o bien a la sociedad, debe saber que en realidad anima a quienes no vivieron ese tiempo a confiar en las palabras del indigno dirigente popular, y de tantos revisionistas y vendemotos, que la tratan ahora como “una época de extraordinaria placidez”. Como no lo fue, el parecido no se sostiene, y afirmar lo contrario supone una patada a la memoria histórica nacional; especialmente a la memoria histórica de la ciudadanía de izquierdas, víctima de un totalitarismo superado sobre el papel pero no en la conciencia.

Portada de La Razón, 10 de febrero de 2012. Fragmento.
¿Tampoco superado en las formas? No es un secreto que Garzón tenía enemigos. ¿Algún juez no los tiene? Su caso era peculiar; el vivo ejemplo de la estrella que se cree poderosa pero acaba siendo utilizada. Muchos de sus enemigos de los 90 son ahora buenos amigos que se manifiestan en su favor. Es este hecho el que pone de manifiesto cuánto hay aquí de espectáculo provocado. Los que no sudaron ante el registro del domicilio del magistrado mientras este revolvía entre los sucios secretos de ministros socialistas, son los mismos que hoy, cargados de interés, acusan de dictatoriales las normas que persiguen por la vía legal al mismo tipo.
Que persiguen por la vía legal al mismo tipo. ¿Hay persecución? Quizá. Es imposible conocer el pensamiento o la motivación de los ocho jueces que han dilapidado la carrera de su compañero. No podemos acercarnos a sus valoraciones sentimentales. Pero cuando alguien es juzgado y condenado debe existir una base jurídica para hacerlo, y un hecho objetivo que juzgar. Y aquí tenemos ambas cosas. Que Garzón tenía enemigos es notorio. Que él nunca fue prudente ni discreto, también.

Portada de Público, 10 de febrero de 2012. Fragmento.
Los análisis jurídicos corresponden por tanto a los juristas, esos que hoy preferían mantenerse al margen, pasar de puntillas y no zambullirse en el fango de las tertulias. Puesto que esto no es Corea del Norte, el juez estrella podrá recurrir la sentencia incluso en el ámbito internacional, donde se harán cargo del caso personajes que no se apellidarán Carrillo ni Franco y que serán poco sospechosos de responder a un interés personal vengativo o político. No es el caso de muchos otros ciudadanos en el mundo, pero Garzón tiene plenamente garantizados sus derechos procesales.
Pero sí queda, como ya se ha constatado, el análisis político y social que se ha derivado de este bullicio. España está cometiendo el grave error de arrastrar cada mota de la actualidad a una polvareda de ideas políticas y sentimientos irracionales. Y aunque exista una evidente demagogia entre buena parte de la izquierda, es también verdad que hay titulares impagables y muy fáciles de vender en el exterior, tanto que hasta el mismísimo The New York Times se hace eco de ellos.
Titulares que podrían ser estos: “el único condenado por un enorme entramado de corrupción política es el juez instructor”, “el juez que se atreve a investigar los crímenes del franquismo, al banquillo”, y no sólo eso: “el juez que investigó a Urdangarín, investigado”. Y este último, curiosamente, no se apellida Garzón.
Casualidad o no, y aunque la justicia deba seguir su curso en cualquier caso y con independencia de los (estrafalarios a veces, sensatos otras) juicios mediáticos paralelos, parece que los astros se han alineado para que buena parte de la población se encienda ante el sistema judicial y empiece a pensar que algo no funciona, cosa que por otro lado es absolutamente cierta. Es probable que si los responsables del circo, que no son otros que nuestros legisladores y gobernantes, no hacen nada para evitarlo ni ponen remedios necesarios sobre los problemas reales, las consecuencias de esta espiral sean nefastas para todos.