Ni Feijóo es Galicia ni falta que le hace

Elecciones al Parlamento de Galicia 2016

Ayer se celebró el debate electoral en Galicia. No os quiero asustar pero es muy probable que Alberto Núñez Feijóo revalide su mayoría absoluta. Ocurra o no, va a ser la primera fuerza.

El día después de las elecciones empezarán las risas y las superioridades morales y pseudoétnicas, como si buena parte de los españoles no viviera, de hecho, en territorios sin cambios de gobierno frecuentes: Euskadi, Dios, fueros y PNV; Catalunya, casi toda la democracia con presidentes ‘convergents’; Andalucía, cortijo socialista; o Madrid, donde, se presente como se presente, el neoliberalismo corrupto arrasa.

Así que antes de soltar tópicos, cual urbanita hablando de montes que arden, vamos a ponernos en contexto. Feijóo no da miedo. Los votantes más politizados de la izquierda pueden agitar sus contradicciones, su mala gestión económica, la destrucción del territorio y su foto con el narco Marcial Dorado. Pero Feijóo sigue sin ser Esperanza Aguirre, Cospedal o, tirando más cerca, un miembro del clan Baltar.

Feijóo se ha ocupado de tener ese aspecto de hombre tranquilo, centrado, que de vez en cuando se hace socialdemócrata para mantener las tasas universitarias bajas en Galicia, amable defensor de los derechos civiles o verso suelto para enfrentarse a la corrupción genovesa. No importa que la imagen responda a la realidad: la imagen ya existe. Y ha conseguido algo aún más importante: dar otra vuelta de tuerca a la absorción del galeguismo de centroderecha, identificando al PP con Galicia como ya hace años consiguió hacer su mismo partido en la Comunitat Valenciana. La cultura, la lengua, la tradición y la identificación nacional pasan inexcusablemente por el PP. Feijóo tiene carisma. El de un percebe, sí: soso pero efectivo, sofisticado y “do país”.

Así que ayer se comió a sus contrincantes teniéndolo todo en contra. Hablemos de eso, de lo que tiene enfrente; de esos candidatos a los que según las encuestas prácticamente ningún gallego conoce porque acaban de llegar.

Continúa leyendo Ni Feijóo es Galicia ni falta que le hace

En catalán, marmota también se dice marmota

Diada de Catalunya 2016

Otra ‘Diada’, la quinta desde aquella en la que Artur Mas descubrió (junto con que era independentista) que tenía un plan maestro que luego resultó que ni era maestro ni tampoco un plan.

El día después, que es el de hoy, todos repiten lo mismo por quinta vez. Unos, que los principios del Estado de Derecho no se tocan, que una Constitución es una cosa muy seria y que la democracia o se ajusta a la ley y la respeta o no es democracia. Otros, que siguen teniendo un plan maestro tan claro, tan infalible y con tanto apoyo popular que no saben exactamente cómo van a llevarlo a cabo ni en qué consiste; o sea, que siguen sin tener un plan.

Lo que dicen unos es cierto y fácil de defender por cualquier persona que sepa leer y hacer razonamientos básicos. El problema de tener la política española copada por personas del mundo del Derecho es que nadie parece darse cuenta de que la política no acaba en ese análisis sino que es lo que empieza justo después. Así que teniendo claro el estado jurídico de la cuestión falta que alguien se ponga a lo otro, a dar soluciones políticas.

Continúa leyendo En catalán, marmota también se dice marmota

Nos han humillado

Hasta hace un tiempo la política, por muchas buenas razones denostada por los ciudadanos, consistía en proponer ideas nuevas, debatir sobre los asuntos de importancia para la sociedad y gestionarlos bien. Había una serie de estructuras que, funcionasen mejor o peor, iban vestidas con un cierto contenido.

En un momento dado, sin que nos diéramos cuenta, la política pasó a tener más relevancia pero también a ser banalizada. Tras descubrirse su tirón comercial han surgido espectáculos televisivos donde los protagonistas gritan mucho pero nadie sabe por qué discuten. Si se pregunta a un ciudadano medio por sus proyectos sobre empleo, economía, política social o educación no sabrían citar más que generalidades. Titulares. Hay cadenas de televisión que llenan horas de programación ofreciendo eso: titulares de impacto. Cuando acaban, los espectadores tienen la adrenalina a tope pero la misma información que antes de empezar. Y cuando hay debates con platós grises y tipos que, a la antigua usanza, se ven en la obligación de desarrollar ideas, las redes sociales y los grupos de Whatsapp colapsan con mensajes de gente que dice aburrirse, indignada porque el plató es gris y nadie se grita. Las mismas redes y grupos donde los bulos, las manipulaciones y la propaganda disfrutan de su nuevo hábitat natural.

La política tiene que llegar a todo el mundo pero no a costa de ser destruida ni de convertirse en un teatro infame. Los políticos deben estar cerca de la gente pero no participar de la degradación del sistema democrático. Y los políticos de izquierdas no deben cometer el error de jugar con las lógicas del enemigo.

Desde el 20 de diciembre todo el mundo hablaba muy acaloradamente sobre pactos y estrategias, luego sobre “sorpassos”, y atribuía capacidades de divinidad a algunos inteligentes grupos de élite que nunca fallaban porque habían estudiado mucho. Algo así. Pero fallaron. Lo que nadie decía era si entre tanta discrepancia de artificio realmente había un objetivo o estábamos participando en un juego de poderes y vanidades. Ahora toca curar los egos heridos en una noche desastrosa.

Continúa leyendo Nos han humillado

PSOE y Podemos: la culpa no es del otro

Queda semana y media de campaña electoral. La izquierda aún está a tiempo de salvarse de sus propios candidatos y de los fanáticos que les replican el discurso. Hagamos historia.

Pablo Iglesias recorre España diciendo que quiere pactar con el PSOE y que su adversario es sólo el Partido Popular. Tiene que repetirlo tanto porque cuando tuvo ocasión de demostrarlo bloqueó cualquier intento. Por si hay dudas: anunciar una propuesta a la prensa antes que a tu socio, decir que quieres pactar con él porque no te fías de él o repartir los cargos sin concretar las políticas (días después de afirmar “jamás seré vicepresidente de un gobierno que no presida”) era sinónimo de bloquear cualquier intento, sí. Una estrategia tan obvia y grande como la puerta de Alcalá. Perseguía tensionar a la otra parte, generar un sentimiento de humillación y agitar a los críticos de Sánchez para acelerar su decadencia. Sobre todo, para restarle legitimidad a la hora de buscar ese mismo pacto y poder culpabilizarle de un fracaso que ya había sido decidido. A la vista está que el objetivo se cumplió.

Las estrategias forman parte de la política desde que inventamos esa palabra. La complicación reside en saber acoplarlas a la coherencia del discurso. Fallan cuando los ciudadanos perciben que el partido se antepone al bien común.

Continúa leyendo PSOE y Podemos: la culpa no es del otro

El acomplejado y la excusa

Cuando alguien defiende los derechos de las mujeres, de los refugiados o de las personas sin casa nadie le pregunta sobre su sexo, su nacionalidad o su situación económica. En cambio, muchos hombres siguen teniendo miedo a que defender la diversidad sexual y afectiva ponga en cuestión su virilidad, su condición de macho de la tribu. Un prototipo de hombre que responde a una construcción ya agotada por la evolución y que provoca mucha pena y ningún respeto.

¿Qué es ser un hombre? Si se consideran algo más complejo que simples primates deberían preguntarse qué es ser un hombre justo y decente.

Continúa leyendo El acomplejado y la excusa